María Elena Walsh sigue cantando

Cultura 11 de enero de 2012
Ya pasó un año de su muerte, ocurrida cuando tenía 80 años. Queda su inmortal obra musical y literaria. Su papá era un ferroviario de origen inglés; su mamá, hija de andaluces. Fue declarada “ciudadana ilustre”.

El 10 de enero del año pasado María Elena Walsh dejó este mundo del revés que describió para todos los tiempos y, como los peces, voló al cielo.

Pero seguro que desde allí estará observando este mundo que del derecho es traidor; en el que transigir es lo mejor; en el que decir basta significa ir a parar a la canasta y en el que ser opositor implica ir a parar al asador.

Cuánto talento para escribir para los chicos y conseguir la reacción de los adultos. Qué capacidad para ver más allá y, como un presagio, advertir sobre lo que vendría, pero con música para que los “peque” muevan sus piecitos.

Ella lo decía, casi sin darse cuenta: “A mí me da lo mismo escribir para adultos que para los niños, lo mismo que cantar o hacer televisión; yo quiero dar una visión general de la vida, una visión poética”.

Será por eso que pudo arrancar una carcajada familiar con “El twist el mono liso”, o derramar lágrimas por doquier con aquellos tiempos de muertos y de resucitados de los que habla en “Como la cigarra”. Y de la ternura de Manuelita y su tortugo... ¿qué decir?

Como qué decir de todas las obras de esta conmovedora e inmortal creadora, desafiante, original, cálida

y genial. Siempre lejos de los lugares comunes y muy cerca de los recursos impares con los que trascendió las fronteras de la literatura para ir al canto de Mercedes Sosa o de Juan Manuel Serrat, y del país para llegar al mundo.

Acuariana de 1930

María Elena había nacido en el barrio de Ramos Mejía, en Buenos Aires, el 1 de febrero de 1930. Tenía 80 años cuando murió, en la misma ciudad.

Su papá era un ferroviario inglés que tocaba el piano y cantaba canciones de su tierra y su mamá una argentina descendiente de andaluces y amante de la naturaleza.

Fue criada en un gran caserón, con patios, gallinero, rosales, gatos, limoneros, naranjos y una higuera. En ese ambiente encontró mayor libertad respecto de la tradicional educación de clase media de la época.

Tímida pero rebelde, leía mucho cuando era adolescente y publicó su primer poema a los 15 años en la revista El Hogar. Poco después escribió en el diario La Nación.

Un año antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes publicó su primer libro (en 1947), “Otoño imperdonable”, que recibió el segundo premio Municipal de Poesía y fue destacado por la crítica y por los más importantes escritores hispanoamericanos.

Desde entonces, su vida tomó otro rumbo: empezó a frecuentar círculos literarios y universitarios y escribía ensayos. En 1949 viajó a Estados Unidos, invitada por Juan Ramón Jiménez.

Con Leda Valladares

En los años 50 publicó “Baladas con Angel” y decidió exiliarse en París, junto con Leda Valladares. Las dos formaron el dúo “Leda y María”: actuaron en varias ciudades como intérpretes de música folclórica, recibieron premios, el aplauso del público y grabaron el disco “Le Chant du Monde”.

En esa época comenzó a escribir versos para niños. Sus canciones y textos infantiles trascendieron lo didáctico y lo tradicional: generación tras generación sus temas son cantados por miles de niños -y no tan niños- argentinos.

Realizó, además, recitales unipersonales para adultos. En 1962 estrenó en el Teatro San Martín “Canciones para mirar”, que luego grabó con CBS. Al año siguiente estrenó “Doña Disparate y Bambuco”, representada muchas temporadas en Argentina, América y Europa.

Por la década del 60 publicó, entre otros, los libros “El reino del revés”, “Cuentos de Gulubú”, “Hecho a mano” y “Juguemos en el mundo”.

En los años 70 volvió al país y en 1971 María Herminia Avellaneda la dirigió en el filme “Juguemos en el Mundo”.

También escribió un inolvidable poema dedicado a Eva Perón, que aparece en el volumen “Canciones contra el mal de ojo” (1976); guiones para televisión y los libros “Tutú Maramba”, “Canciones para mirar”, “Zoo Loco”, “Dailan Kifki” y “Novios de Antaño”.

En 1985 fue nombrada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y, en 1990, Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba y Personalidad Ilustre de la Provincia de Buenos Aires.

En 1994 apareció la recopilación completa de sus canciones para niños y adultos y, en 1997, “Manuelita, ¿dónde vas?”.

Fuente: Diario El Tribuno

Te puede interesar

Boletín de noticias

Te puede interesar