En Salta, 6 de cada 10 jóvenes entre 25 y 35 años no logran independizarse
En Salta, la emancipación juvenil es cada vez más difícil. Según datos de la fundación Tejido Urbano, el 63,7% de los jóvenes salteños de entre 25 y 35 años continúa viviendo en el hogar familiar, una de las cifras más altas del país y muy por encima del promedio nacional, que se ubicó en el 38,3% durante 2025.
El dato coloca a la provincia entre las más afectadas del Norte Grande, junto a Santiago del Estero (64,8%), Chaco (48%) y Formosa (48,9%), y refleja un problema estructural que combina falta de empleo estable, ingresos insuficientes y altos costos para alquilar.
Detrás del número hay una realidad concreta: miles de jóvenes salteños postergan su autonomía porque no logran sostener económicamente una vida independiente. A nivel país, son 1,8 millones de jóvenes adultos los que aún viven con sus padres.
Trabajo inestable y más desempleo juvenil
El acceso al empleo aparece como el principal condicionante. La desocupación entre personas de 25 a 35 años es 1,5 puntos más alta que la del conjunto de la Población Económicamente Activa, y la diferencia se profundiza entre quienes no lograron independizarse.
Mientras el desempleo es del 5,3% entre los jóvenes que ya se emanciparon, trepa al 10,1% entre quienes siguen viviendo en la casa familiar, casi el doble.
Además, la informalidad juvenil alcanza el 36%, seis puntos por encima del promedio general, lo que limita el acceso a ingresos estables y previsibles.
Ganar menos y gastar más
En promedio, los jóvenes de entre 25 y 35 años ganan un 10% menos que el conjunto de la Población Económicamente Activa. Sin embargo, quienes lograron independizarse tienen ingresos que duplican a los de quienes no lo hicieron, lo que marca una barrera económica difícil de superar.
A esto se suma el costo de vida. El gasto promedio en servicios básicos ronda los $192.665, y si bien los alquileres en Salta no alcanzan los valores de CABA, los montos resultan igualmente inaccesibles en relación a los salarios locales, especialmente para quienes trabajan de manera informal o con ingresos variables.
Estudiar más, independizarse menos
El informe también señala que los jóvenes que continúan estudiando tienen el doble de probabilidades de seguir viviendo con sus padres. En Salta, donde muchos jóvenes deben combinar estudio y trabajo para sostener el hogar, la finalización de carreras universitarias o terciarias suele extenderse en el tiempo.
La necesidad de aportar ingresos a la familia retrasa tanto la formación como la posibilidad de mudarse solos, generando un círculo difícil de romper.
Un problema estructural que golpea al Norte
“La postergación de la emancipación no es solo una cuestión cultural o generacional, sino una señal de alerta sobre las dificultades del sistema económico y habitacional para integrar a los jóvenes”, explicó Matías Araujo, investigador de Tejido Urbano.