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Historias de cocina: Santa Pasta

En la mesa no había nada más que harina de trigo. Como si no haría falta otra cosa. De la nada aparecía un poco de agua, unos huevos de granja, con el centro más rojo que amarillo, como sol de Tartagal. Algo de sal, oliva y mágicamente un bollo de masa que empieza a rodar y vivir con latido propio.
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