Economía09/02/2026

Los nuevos "Todo x $2": bazares chinos para clase media se multiplican por el país

No importa si es una avenida del centro porteño, una peatonal de Rosario, una calle comercial del conurbano o una zona céntrica de Salta. La escena se repite: locales amplios, luces blancas, pasillos largos y carritos llenos de cosas que nadie salió a buscar, pero que igual se llevan. Los bazares chinos dejaron de ser una rareza urbana para transformarse en una postal estable del consumo argentino.

El fenómeno no responde a una sola causa ni a una sola ciudad. Tiene escala nacional y lógica económica. En un contexto de ingresos ajustados y decisiones de compra cada vez más defensivas, estos comercios aparecen como una solución práctica: comprar mucho, pagar relativamente poco y resolver en un solo lugar. La referencia histórica aparece sola: el espíritu del "Todo x $2" de los años 90, aunque sin nostalgia y con un andamiaje mucho más aceitado.


A diferencia de otros formatos que retroceden o sobreviven con dificultad, los bazares chinos abren, se expanden y se mudan a locales cada vez más grandes. Pagan alquileres altos, remodelan rápido y apuestan a zonas de tránsito intenso. Donde antes había una casa de electrodomésticos, una juguetería o un local de decoración tradicional, hoy hay góndolas infinitas con productos importados que prometen resolver desde la cocina hasta el baño, pasando por juguetes, electrónica básica y artículos de organización.

Del supermercado al volumen: un giro silencioso

Durante años, el comercio chino en la Argentina estuvo dominado por el supermercado de cercanía. Ese modelo empieza a quedar atrás. El bazar es la nueva unidad de negocio, y no por casualidad. Tiene menos regulación, más margen, mayor rotación y una lógica mucho más adaptable a un contexto económico volátil.

Detrás del cambio hay un factor clave: el recambio generacional dentro de la comunidad china. Los protagonistas de esta etapa no son los primeros inmigrantes que llegaron en los años 90, sino sus hijos y nietos. Crecieron en Argentina, conocen los hábitos locales, manejan el idioma, usan sistemas digitales y mantienen vínculos comerciales directos con Asia. Esa combinación les permite leer rápido el escenario y ajustar el negocio sin demasiada rigidez.

La apertura importadora terminó de empujar el proceso. Importar volvió a ser una herramienta central, no solo para grandes empresas, sino también para este tipo de comercios. Pero ya no se trata de operaciones aisladas: importan en bloque. Compras consolidadas, contenedores compartidos y acuerdos de volumen permiten bajar costos y repartir riesgos. Si un producto no rota en un local, rota en otro. La rentabilidad no está en el producto estrella, sino en el conjunto.

El resultado se ve en góndola. La mercadería llega directo de fábricas asiáticas, con menos intermediarios y precios que, en muchos rubros, quedan entre 30% y 50% por debajo del comercio tradicional. No hay identidad de marca ni relato aspiracional: hay categorías completas. Organizadores, luces LED, termos, cargadores, juguetes de temporada. Todo entra. Lo que funciona se repite; lo que no, se liquida rápido.

Aunque no existen cifras oficiales, en el sector coinciden en que hay miles de bazares chinos operando en todo el país, con fuerte presencia en el AMBA pero también en capitales provinciales y ciudades medianas. Ya no se concentran en barrios específicos ni en comunidades cerradas: se mezclaron con el comercio argentino y ocupan los mismos corredores donde antes reinaban los negocios tradicionales.

Comprar sin plan, salir con bolsas

El éxito del modelo no está solo en el precio, sino en la experiencia. El bazar invita a recorrer, no a entrar y salir rápido. Pasillos largos, categorías mezcladas, cajas abiertas y productos apilados generan una sensación de abundancia que estimula la compra impulsiva. No hay vendedores que persigan ni marcas que prometan estatus. Hay tiempo, volumen y tentación.

El ticket promedio, que suele ubicarse entre $15.000 y $50.000, explica la lógica. Nadie entra a gastar eso en un solo producto. Se gasta en muchos. Utensilios de cocina, maquillaje, juguetes, artículos de organización, decoración, electrónica básica. Todo entra en el mismo carrito.

En los locales más grandes, la escena se repite: sillones para descansar, generalmente ocupados por quienes acompañan la compra. Afuera, bolsas grandes. Adentro, rotación constante. El negocio está pensado para que el cliente se quede, mire, compare y agregue algo más "ya que está".

La comparación con los "Todo x $2" aparece, pero con matices. Aquellas tiendas funcionaban con precio único y calidad irregular. Los bazares chinos actuales manejan rangos de precios y una calidad percibida más alta, pensada para una clase media que ajusta, pero no resigna del todo.

Ajuste, escala y una nueva postal comercial

Más allá del color y la novedad, el fenómeno deja una lectura clara. Estos bazares crecen porque se adaptan mejor que otros formatos a un consumo retraído. Trabajan con alta rotación, importación directa y márgenes chicos pero constantes. No dependen del crédito ni de la venta aspiracional. Funcionan incluso cuando el consumo no despega.

Al mismo tiempo, su expansión reconfigura el mapa del comercio urbano. No compiten solo con un negocio puntual, sino con rubros enteros: casas de regalos, jugueterías, ferreterías livianas y locales históricos que no pueden igualar escala ni precios.

Lejos de ser una moda, los nuevos "Todo x $2" dejan en evidencia una transformación más profunda del retail argentino. En un escenario donde comprar dejó de ser deseo y pasó a ser estrategia, estos formatos ofrecen algo básico pero efectivo: abundancia, precios bajos y resolución rápida. Y mientras el consumo siga midiendo cada peso, esa lógica seguirá encontrando lugar en las calles del país. /iProfesional