Caprichos de Salta: El experto

Cultura 23 de mayo de 2019
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
VITRIOL

Se abrió la puerta interior del zaguán. Afuera llovía torrencialmente. El sujeto que miraba hacia la calle sintió una punta de metal en su espalda y una voz que le decía “Voy a vendarle los ojos, apelo a su sinceridad, dígame si ve algo”. Una cuerda con un nudo corredizo le es puesta en el cuello y todas sus pertenencias terminan en un saco negro. Las luces de la calle desaparecieron, solo los sonidos de su trajín le dan alguna referencia de que sigue en este mundo. Así comenzó el viaje…

Algunas experiencias nacen en determinados momentos de la vida y transcurren a lo largo de la misma sin prisa pero sin pausa y van buscando su destino lentamente; un destino que llega mucho después de la espera y la lucha. Como esos ríos que se pierden en las profundidades y vuelven a salir a superficie a cientos o miles de kilómetros de su naciente. Experiencias que son como una actividad protectora, un proceso guardián que nos asiste muy sutilmente. En determinados momentos de la vida algo se activa y brota y, más adelante, da el fruto que larga la semilla para retomar el ciclo en otro recipiendario. Jordi Trobat alcanzó la maestría después de muchos años. Respetando los antiguos procesos que construían a los hombres dignos de respeto. Un griego lo supo iniciar en las artes de mejorar su alma para morir con el brillo digno de la luminosidad olímpica. Aquel griego que lo llevó de la mano, por su imposibilidad de ver, a través de un cúmulo de misterios, le dio luz a su corazón y una chance extra para jugar la mejor carta cuando sea necesario.

Trobat, un día salió, de su pueblo y, con lo puesto, se subió a un colectivo que lo llevó al otro lado del río. A los pocos días, se perdió. No sabemos con exactitud el tiempo que transcurrió mientras estuvo a la deriva. Ese no es un dato relevante. En una fracción de segundo se pueden destruir varios mundos, a la vez que en miles de años pueden  suceder menos cosas que la que pueden pasar adentro de una botella herméticamente cerrada. Dicen que hizo tres viajes cortos, el primero parecido a caminar en medio de un campo de batalla. El segundo menos arduo y el tercero envuelto en un espantoso silencio invernal. Dicen que fue sometido a interrogatorio y fue juzgado. Dicen que fue asesinado y vuelto a la vida. Dicen que fue cortado al medio y vuelto a unir. Dicen, dicen…

Pasaron muchos años, pasaron muchos libros, tronaron en su estómago cantidades inimaginables de pólvora roja…hasta que una tarde fría de mayo, en la que Jordi yacía casi muerto en el umbral de una gran casa, alguien lo llamó y le obligó a abrir sus ojos cansados. Era el griego, el Experto. “El viaje se acabó. Bienvenido a casa, a la prosperidad y al honor”, le dijo. El río volvió a la superficie para platear sus aguas bajo el cielo más celeste jamás visto.

A mi gran amigo Daniel, caballero noble de corazón y Gran Experto.

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