Historias de San Valentín: el vagabundo que solo ambicionaba amor

Sociedad 12 de febrero de 2021 Por Nico Cortés
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Como en el fútbol, la comida o el sexo, todos parecen estar capacitados, para hablar del amor. Pero, ¿Qué sabemos del amor? Sabía decir un escritor ruso: “Quien no haya amado, no ha vivido…”. También solía decía un pensador latinoamericano: “el amor es lo único en la vida que tiene sentido; quizás vivir, solo se trate de amar…”

¿Qué es el amor, el romance, el enamoramiento? ¿Tiene que ver con las almas o con las mentes? ¿Se puede vivir sin amor? ¿Cuál es el verdadero amor? ¿Es el odio o la indiferencia, el opuesto al amor? 

Había una vez, un vagabundo que deambulaba por las calles de la ciudad de Salta, con la peculiaridad que llevaba consigo, en todo momento, una mochila. De tez blanca, cabellera larga blanca, barba larga, alto, delgado, ojos claros. Andar cansino, balbuceando para sí mismo. 

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Siempre se lo veía en las horas del atardecer por el Parque San Martín, en la zona del lago. Solía juntar maíz o comida  para los patos. Las únicas sonrisas que esbozaba se las dedicaba a los animales. Lo acompañaba un perro y un pedazo de rama que hacía de bastón. 

Siempre tuve curiosidad por estos personajes. Tanta debilidad por la gente diferente que un día fui a él. Me senté a un lado y sin mirarnos a los ojos, me reconoció. Como esas conexiones inexplicables. 

Con  tono porteño dijo: “Me llamo Augusto. Médico de profesión. Sesenta y ocho años”. Todo esto sin preguntas previas. “Seguramente estás sorprendido. En resumen, mi vida cambió bruscamente. En un accidente, mis dos hijos fallecieron. Al poco tiempo mi mujer, se quitó la vida. Un día estaba en el consultorio pero no estaba allí, ¿me explico? Dejé mi maleta, mi delantal. Y salí a caminar sin detenerme. Solo atiné a tomar una mochila y una foto”

Luego de tal relato se produce un silencio atroz. Ni siquiera había contacto visual. Mis ojos se inundaban a cada segundo de ríos y mares, de cielos nublados y tormentosos. “Me di cuenta que solo necesitamos amor para vivir. No tengo bienes ni preocupaciones. En mi mochila llevo una foto de mi mujer. Eso me sostiene. Me alimenta, me abriga, me cobija. Aunque sea en modo de recuerdo. Llega un día en la vida, que te das cuenta que no vale la pena ningún título, ni dinero, ni poder. Solo deberíamos ambicionar amor. Compartir momentos para amarnos. Enamorarnos.  Solo un hilo de amor, una miga, un rasguño, nos basta”.

Y es el día de hoy que sigo enamorado de esa mujer que conocí en mi niñez, y que me sigue generando el mismo cosquilleo de siempre, más aun sabiendo que con la oración, algún día podemos encontrarnos. Por eso mismo pibe, antes de irme, te doy un consejo, sabiendo que vi la muerte, supe de derrotas, de pérdidas, de salvar vidas y escuchar agonías: -no te aflijas por nadie ni por nada, solo piensa, sin nada a cambio, en amar. 

Cuando se te presente el odio, la indiferencia, la maldad, la gambeteas como hacía Diego, sin pausas ni dudas ni temores. En este instante, hoy, ama la vida, ama una pelota, un animal, una persona, a ti mismo, pero que nunca se te ocurra dejar de amar.

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