Cromañón, a 17 años: la historia de la nena de la musculosa a rayas que esperaba en la puerta de la morgue y perdió a su hermano en la tragedia

Nacional 30 de diciembre de 2021
nena

La última vez que Lucila Chaparro estuvo con su hermano David, tenía puesta una musculosa celeste y blanca. Con esa remera con la que lo abrazó por última vez el 30 de diciembre a la tarde, fue con la que salió horas después a buscarlo al boliche Cromañón, escenario de una de las mayores tragedias del país. Hace 17 años, a raíz de un incendio, 194 personas murieron y las familias como la de Lucila todavía luchan por memoria y Justicia.

Hoy, Lucila atesora esa remerita, con la que su hermano la vio por última vez. “David me dejó en la casa de mi abuela, porque mis papás trabajaban y se fue a la casa de su amigo para desde allí ir rumbo a Once“, cuenta.

La joven recuerda que fueron los papás del amigo de David quienes llegaron hasta su casa esa noche para avisarles del incendio: “Estábamos con mi papá listos para ir a tomar un helado cuando nos esteramos y así como estábamos nos fuimos para Once en el auto de ellos”.


De la búsqueda desesperada a la Morgue

“Era un caos. Se escuchaban a 10 cuadras las sirenas de la policía, los bomberos y las ambulancias. No te dejaban pasar pero nosotros pasamos igual. Mi papá entró a Cromañón y sacó a muchos chicos. Las ambulancias no daban abasto y en las bocas de subte había chicos desnudos desmayados”.

En medio de las sirenas y los gritos, Lucila recuerda a su papá que chiflaba como cuando los llamaba en el barrio en Isidro Casanova para que volvieran a la casa. “Nunca más lo escuché chiflar así”, sostiene la joven.

Lucila Chaparro en la puerta de la morgue donde se enteró de que su hermano estaba muerto. El fotógrafo Germán Adrasti fue quien capturó la imagen que se publicó en el diario Clarín el 31 de diciembre de 2004.

Fueron horas de recorrer hospitales en Capital Federal y la provincia buscando a David. Lucila tenía 10 años y aún hoy lleva marcadas en la memoria las horas posteriores que se convirtieron en años de dolor: “Pasamos toda la mañana y el mediodía dando vueltas buscándolo hasta que a las tres o cuatro de la tarde, lo encontramos en la Morgue Judicial. El único lugar a donde no queríamos ir”.

La joven explica que la imagen con la que se encontraron era desoladora. “Estaban todos los cuerpos apilados y vos tenías que reconocerlo. Los tenían diferenciados por fotos, pero si no coincidía tenías que encontrarlo vos entre los cuerpos. Después de eso, tardaron como tres días en darnos el cuerpo. Le hicieron una autopsia no sé para qué, si sabíamos de qué habían muerto”.


En el mismo lugar, 17 años después

Para la nota, Lucila vuelve a sentarse en el mismo lugar en el que el 31 de diciembre de 2004 le dieron la noticia sobre la muerte de su hermano.

“Para mí, que repetía que David iba a estar con vida, fue tremendo. Fue quedarme sola, porque yo lo tenía a mi hermano no más. Éramos nosotros y mis papás. Quedé solita”, dice la chica que hoy tiene 27 años.


La foto en el Diario Clarín

Miriam, la mamá de David y Lucila, guardó la foto que sacó el fotógrafo de Clarín Germán Adrasti. La atesoró junto a la musculosa que su hija tenía puesta ese día. Hace un tiempo, le mostró la foto a Lucila que no recordaba que había salido en el diario.

“Ver la foto es verme en el estado de dolor puro. Yo no sabía de esa foto, hasta que me la mostró mi mamá. Tenía puesta la remerita blanca y celeste que ella guardó en un bolsa durante todos estos años”, cuenta.

Sobre ese día y cómo recuerda ella que estaban sus papás, Lucila afirma: “Mi mamá estaba desesperada. Creíamos que mi hermano iba a aparecer, que debía estar perdido porque no conocía Capital Federal. Nunca esperamos lo peor”.

Lucila Chaparro viendo la foto de su hermano David en el Santuario en homenaje a las víctimas en la calle Mitre en Once.

Cuando habla de ese 31 de diciembre, Lucila remarca la sensación del calor tremendo que hacía en 2004 y cómo lo sintió aún más cuando le dieron la noticia: “Ahí se me vino el mundo abajo. Era mi hermano, mi compañero”.

“Volver a este lugar después de 17 años me lleva a mis diez años, a ese calor infernal que hacía. A mi mamá joven perdiendo la sonrisa, a mi papá que en ese instante lo vi muerto en vida y yo queriendo que todo eso sea un sueño”, reflexiona.

Crecer con el dolor, con la tragedia de Cromañón marcada en la piel

Lucila creció con la Tragedia de Cromañón, que atravesó y marcó su vida para siempre: “Como hermana crecí con el ir y luchar por él. Con mis papás íbamos a los juicios, a los escraches a Chabán y a Ibarra. Era volver a casa y no querer dormir en mi pieza porque la compartía con mi hermano y el dolor era insoportable. Había noches en que no podía dormir pensando en las sirenas”.

Hoy, ya siendo mamá de dos nenas y con 27 años, Lucila comprende la lucha incansable de sus padres para que la muerte de su hermano no quedara impune, pero recuerda que cuando era chica, por momentos quería una pausa: “Había días en que pensaba ‘dejémoslo descansar un poquito’ y mis papás seguían yendo a los juicios. No sé cómo ni de dónde sacaron la fuerza para seguir luchando de pie que es lo que me enseñaron desde chica: a luchar por la verdad y la justicia”.

Un cartel que indica el lugar donde funcionaba República Cromañón y frases escritas con marcador: "No perdonamos, no olvidamos. No se toca ni se abre"

Sobre la banda Callejeros, Lucila hace un párrafo aparte. Cuenta que no le gusta la banda, que le cuesta escucharlos: “Cuando era chica yo los apoyaba pero se cagaron mucho en los padres, nunca estuvieron al lado de ellos. Ahora me pasa que si voy a un bar y pasan su música, me quiero ir”.

También describe cómo la marcó la forma en que se desencadenó el incendio de Once: “Si voy a lugares cerrados lo primero que hago es mirar el techo. Cuando tengo la sensación de que hay algo que me parece raro o que no me gusta, me levanto y me voy”.

En el santuario, un árbol de navidad con las imágenes colgadas de las víctimas que murieron en Cromañón.


Familiares de Cromañon y la búsqueda de verdad y Justicia

Lucila sigue pidiendo Justicia por su hermano, por su familia y por la vida de las 194 personas que murieron por Cromañón: “Éramos muy felices, no nos faltaba nada. No queríamos más que la casita que con tanto esfuerzo hicieron mis viejos, irnos de vacaciones o ir a tomar un helado”.

“Mi hermano se fue a divertir y nos lo devolvieron en una bolsa de consorcio. A él le sacaron la vida y a mí lo más preciado que tenía. A mis papás les arrancaron su vida entera, la sonrisa injustamente. Ni él ni las 194 personas que fallecieron, ni las 194 familias se merecían esto ni lo que tuvimos que atravesar después, por eso pido que no haya nunca más otro Cromañón”.

Al hablar sobre el día después de la tragedia, Lucila no quiere dejar de hablar de la dirigencia política de ese momento y denuncia: “El 1 de enero teníamos al Gobierno de la Ciudad ofreciéndonos a los familiares plata y cementerios privados. Mis viejos no son esa clase de personas y los sacaron volando. Aníbal Ibarra debería haber ido preso. Del gobierno nacional de Néstor Kirchner nunca fueron capaz de nombrar a Cromañon o de darle el pésame a los padres”.

Lucila define todo lo que ocurrió desde el incendio en el boliche con la palabra: derrumbe. “Otra no hay. Grafica el dolor de haber pasado y transitado todo eso, de buscarlo, encontrarlo, de ir a juicios, y a escraches. Fue una lucha que uno lleva en el corazón. Solo puedo darle las gracias a mis papás por nunca bajar los brazos, porque gracias a los padres hubo un poco de justicia”, concluye. /TN

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