


Bad Bunny arrancó el primero de sus tres shows en River: “Estaba loco por volver aquí”
Medios13/02/2026
Por fin terminó la espera. Después de meses de cuentas regresivas que parecían eternas, el fenómeno Bad Bunny llegó a Buenos Aires a revolucionarlo todo. Aunque, la realidad, es que el torbellino puertorriqueño tocó tierra antes de que el artista pusiera un pie en el escenario del Estadio Monumental, que lo recibió con euforia, emoción y una multitud.
En los días previos a que el cantante llegara a la Argentina, la adrenalina ya se sentía en el aire. Las remeras temáticas empezaron a copar las vidrieras de las principales avenidas porteñas, su música sonó con más frecuencia en bares, autos y locales comerciales, y la expectativa creció a la par de una ciudad que se preparó para recibir a una de las figuras más convocantes del planeta.
El martes por la tarde comenzaron a aparecer las primeras carpas en las inmediaciones del estadio. Fans decididos a asegurarse un lugar privilegiado armaron guardia con reposeras, banderas y parlantes. La postal se repitió durante los días siguientes: grupos organizados, listas improvisadas y mates compartidos bajo el sol del verano porteño.
Y, el jueves por la tarde, empezó la verdadera emoción. Bad Bunny llegó al país, se alojó en Recoleta y arrancó su concentración para tres presentaciones históricas. Para su última cena antes del primer River, sin embargo, decidió salir del aislamiento. Junto con el equipo que lo acompaña fue a cenar a Ness, un reconocido restaurante del barrio de Núñez. Y allí, según contaron sus sueños, se dio una buena panzada con postre incluido. Tanto le gustó que se llevó una porción a su alojamiento.
Una noche histórica
Así llegó finalmente el viernes 13 de febrero, la fecha señalada en rojo por miles de seguidores. Sin escalas, después de su paso por el Super Bowl y tras hacer historia en los premios Grammy, el artista puertorriqueño desembarcó en Buenos Aires para actuar en su primer River Plate, en el marco del “Debí tirar más fotos World Tour”.
La jornada comenzó temprano. Con el sol todavía alto y una temperatura que no dio tregua, las puertas del estadio se abrieron a las 16 horas y, desde ese momento, el campo se convirtió en una carrera silenciosa hacia el vallado. Muchos se aferraron a su lugar sin intención de soltarlo en toda la tarde. El calor no fue obstáculo: la consigna fue resistir y quedarse en ese primer lugar para asegurarse la vista privilegiada.
Quienes recibían al público que llegaba al Monumental, estaban todos vestidos como el personal de un hotel all inclusive del Caribe: trenzas, sombreros, pañuelos y flores en el pelo, polleras, camisas y tíos en tonos. pasteles, blanco y beige. Y en vez de las pulseras que se encienden con colores distintos según la canción (como en los shows de Coldplay o Taylor Swift), aquí te daban cámara fotográfica. En alusión, claro, al último álbum de Bad Bunny, Debí tirar más fotos.
A las 19 fue el turno de Ramma, el telonero argentino elegido para la ocasión. El joven de 21 años, oriundo de Trelew, Chubut, mantuvo en secreto que él fue el seleccionado por la estrella de la noche para la apertura oficial hasta cinco horas antes de su presentación. El anuncio despertó sorpresa y encendió los primeros coros masivos de la noche.
Una hora más tarde, a las 20, puntualísimos, subieron al escenario los miembros de Chuwi, la banda puertorriqueña que acompaña a Bad Bunny en las fechas latinoamericanas del tour. Con una propuesta que mezcló ritmos caribeños y energía festiva, lograron que el público bailara y arrancara con las palmas y los cánticos, aunque el primer tema hablara sobre los cortes de luz en los temporales. Mientras la ansiedad por ver al artista principal crecía.
Antes de que empezara el show de Bad Bunny, los integrantes de Chuwi se autoencomendaron la difícil tarea de “calentarle la tarima” en todos los sentidos. En medio de su presentación, que duró 30 minutos, hablaron sobre el exilio de los puertorriqueños en busca de una mejora en su calidad de vida. “Cada uno debería tener una vida digna en el lugar en el que nació”, señaló el guitarrista y vocalista. Luego, pusieron en alto dos banderas: la puertorriqueña y la argentina, lo que provocó el aplauso inmediato del público.









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