Nicolás Isa, el físico salteño que convirtió la curiosidad en destino

Sociedad27/02/2026InformateSaltaInformateSalta

La vocación siempre elige cómo manifestarse. A veces, el talento precoz delata cuáles serán las pasiones de una persona. Otras, la vocación aparece disfrazada de curiosidad, de duda. 

En la historia de Nicolás Isa, un joven salteño de 27 años graduado en física, todo empezó con preguntas. Preguntas sobre el cielo, sobre los objetos cotidianos, sobre el porqué de las cosas. Preguntas que, con el tiempo, se transformaron en una forma de vivir. 

Desde chico, en su casa se respiraba inquietud intelectual. Había preguntas, conversaciones, ganas de entender. Pero fue un encuentro puntual lo que terminó de inclinar la balanza. La física que dictaban en el colegio dejó de ser una materia abstracta para convertirse en una manera de interpretar la realidad.

Uno de los nombres que marca como decisivo el recorrido de Nicolás es el de su profesor, Daniel Córdoba. “Daniel estuvo 8 años dando clases en su casa primero, en aulas en la UNSa después, sin cobrar. No entraban los chicos, ya no entraban ni en su casa, ni en las aulas, ni en los anfiteatros. Todo esto porque él enseñaba de una manera muy distinta” recuerda. 

Es sabido que el profe Córdoba marcó la historia académica de miles de jóvenes. No por la complejidad de sus contenidos, sino por su método. Nicolás lo recuerda con claridad:


“Hay que generar emociones en las personas para que aprendan. Porque somos seres emocionales y aprendemos de esa manera”


Esa idea lo marcó para siempre. Comprendió que aprender no es acumular fórmulas, sino conmoverse con lo que uno descubre. Que la física no es un conjunto de ecuaciones abstractas, sino una forma apasionante de mirar la realidad. Hoy, cuando habla de su disciplina, lo hace con esa misma emoción. “Desde la física ves el mundo de una forma más divertida. Entendés un poquito más cómo funcionan las cosas”, dice, casi con una sonrisa.

Pese a este impulso indudable, su camino no fue lineal ni sencillo. El primer año de la carrera fue un golpe de realidad. La falta de una base matemática sólida producto de su formación humanística lo puso ante un desafío enorme para superar. Las bases no estaban, muchos abandonaban, pero él decidió sostener su decisión.

En ese entonces, optó por una estrategia clara de estudio enfocado, disciplina y pocas distracciones. Fue un tiempo de esfuerzo silencioso, de horas frente a los apuntes, de frustraciones que se transformaban lentamente en comprensión. La física le exigía rigor y él respondió con constancia. Transformó la debilidad en desafío y el desafío en método.

Esa experiencia no solo le permitió avanzar académicamente; también lo entrenó en algo más profundo, como lo es la resiliencia intelectual. Aprendió que el talento sin constancia no alcanza y que el esfuerzo sostenido también es una forma de inteligencia.

De las galaxias a la impresión 3D

Su tesis fue el siguiente escalón que lo llevó, literalmente, a otro nivel. Trabajó sobre la interacción o colisión de galaxias, realizando simulaciones para entender esos procesos cósmicos que ocurren a millones de años luz de distancia. “Así en resumidas cuentas, más o menos lo que hice fue agarrar dos galaxias muy parecidas a la nuestra y hacerlas interactuar. Hice 54 simulaciones más o menos, me fui fijando las tendencias que me iban quedando, cómo rotaban las estrellas, cómo se movía un poco el sistema, qué propiedades dinámicas tenía para poder catalogarlas. Mi tesis consistió en eso”, relata.

Además de su formación académica, Nicolás desarrolla un emprendimiento de impresión 3D. Allí aplica, casi de manera natural, la geometría, la lógica y el pensamiento estructurado que entrenó durante años.

 “La formación científica enseña a pensar”, insiste. El método científico no se queda en el laboratorio, sino que atraviesa su forma de emprender. 

nicolas  isa

En su relato, Nicolás se deja llevar por una espontaneidad clara, heredada casi por naturaleza, que, según él, también está relacionado con su pasión por la física.

Estoy enamorado de la física, es algo que me gusta muchísimo, es algo a lo que quiero dedicar y no tengo ninguna duda. Y sentir pasión por las cosas yo creo que te hace ser así. Te hace ser suelto, poder explicar las cosas con simpleza y esto me lo enseñó Daniel" explica. 


"Siempre nos dijo que no es lo mismo aprender que enseñar y él nos enseñó a enseñar”, recuerda


Cuando se le pregunta por sus objetivos, Nicolás no habla de premios ni de reconocimientos internacionales. Su respuesta es sencilla pero profunda: quiere “ser una persona grata”. Quiere mantener viva la pasión por hacerse preguntas. No perder la capacidad de asombro. No dejar de emocionarse cuando algo encaja, cuando una explicación ilumina un fenómeno cotidiano.

En un mundo que muchas veces corre detrás de resultados inmediatos, su historia nos recuerda que la curiosidad puede ser un destino. Y la emoción, un método.

Porque, al final, la física no es solo estudiar galaxias que colisionan. Es animarse a dudar. Es aceptar que no saber también es un punto de partida. Y es entender que cuando uno se enamora de las preguntas, el camino ya está trazado.

 

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