Opinión15/04/2014

Un reclamo que desnuda cómo son nuestros educadores

Un pedido de mejora salarial válido y legítimo que permitió hacer una radiografía de las cualidades de nuestros docentes. Los valores que se inculcan, pero no se demuestran. Educar con el ejemplo.

Si de formas de transmitir enseñanza hablamos, dicen los que saben, que quien predica con el ejemplo lo hace de una manera que con palabras difícilmente podría.

Es decir, de nada vale decir a los alumnos, que deben ser prolijos y ordenados, si el docente no actúa de esa manera, ya que nadie lo va a tomar en serio.

De la misma manera, la imagen del docente en la sociedad ha caído en un desprestigio muy grande, ya que si bien se puede llegar a compartir la necesidad de una mejora salarial, no es menos cierto que con su lucha radicalizada terminan desgastando su imagen. La forma y el modo no están a la altura de quienes deben dar el ejemplo.

Antes ser docente era una profesión respetable, pues quienes se vestían de delantal blanco lo asumían como un estilo de vida. La maestra era maestra frente al aula, en el almacén del barrio o en la misa del domingo. No era colocarse unos guardapolvos como un disfraz: eran docentes de alma.Hoy ya no lo son, pues la forma como hablan con los medios de comunicación, la manera de comportarse en las movilizaciones y ahora en el acampe en la Plaza, y la violencia discursiva no son justamente parámetros que merezcan ser imitados. Muchos podrán coincidir, repito, en la legitimidad del reclamo, y hasta podrían decir que enseñan a luchar por lo que les corresponde.

Pero cuando se llega a un nivel de intransigencia como el demostrado este año, y en planteos idénticos realizados en años anteriores, cuando sujetos como Víctor Gamboa, Estela Ortega y otros pseudo docentes identificados claramente con una izquierda retrógrada llegaron para ser los portavoces, todo se desvirtuó. Ya no hubo más ejemplo de nada. Pasaron de ser formadores a unos mal educados, violentos y agresivos.

Ni que decir con algunos de los valores que deben enseñar a los chicos en las aulas, algo que está dentro de la currícula y se les impone como contenidos a transmitir.

Porque hablan por ejemplo del compromiso, pero son ellos mismos los que muestran una total falta de cumplimiento con su trabajo, con ese estilo de vida que eligieron. No tienen compromiso ni con la educación ni con la comunidad educativa en la que están insertos.

Dicen enseñar a ser responsables, cuando son los primeros que incumplen con los niños, con los padres, con las escuelas, con la sociedad en general. Qué responsabilidad puede tener alguien que hace abandono de su lugar de trabajo por 10 días. De qué manera contribuyen con los que son el futuro del país.

Hablan de la comprensión como una virtud, pero no entienden que un gobierno no puede pagar más de 100% de aumento sin afectar las arcas estatales. Debieran comprender que en una negociación las partes deben ceder, acordar, buscar lo mejor. Eso no es negociar. No hacer planteos caprichosos desoyendo a la otra parte.

Finalmente, quien no escuchó a los educadores hablar de creatividad, de incentivarla. Mediante diferentes actividades buscan que niños y jóvenes la fomenten, pero, dónde la aplican ellos mismos si desde hace años la única forma de reclamo que conocen es el paro. Llevan 10 días sin dar clases, y nunca nadie acercó una propuesta relativa a otra forma de protesta que no deje el aula vacía.

El egoísmo con el que actúan es tal que consideran que la única lucha válida es la propia y llegan incluso a criticar a sus pares, los que están en otras agremiaciones, que no piensan como ellos. Esa estrechez mental, donde se llega incluso a dignificar la lucha y la huelga como método, no es progresismo ni una digna defensa de derechos.

En esta pulseada, donde los más perjudicados son los chicos, nadie gana. El gobierno pierde, la sociedad pierde, los docentes pierden.

Al fin y al cabo, “dar el ejemplo” murió y lo que quedó es la lucha, por la lucha misma.

Fuente: www.informatesalta.com.ar