Cómo espió la CIA a la Argentina y ayudó a Londres en Malvinas

Nacional 12 de febrero de 2020
Una investigación periodística destapó el espionaje de EE.UU a unos 120 países durante cinco décadas. Lo hizo a través de una compañía suiza que vendía a gobiernos máquinas para descifrar mensajes encriptados.
islas malvinas

"El golpe de inteligencia del siglo". Así titulaba este martes el periódico estadounidense The Washington Post una investigación que reveló cómo la Agencia Central de Inteligencia​ (CIA) espió durante más de cinco décadas las comunicaciones codificadas de al menos 120 países, entre ellos la Argentina.

El trabajo periodístico, realizado junto a las cadenas de televisión ZDF (Alemania) y SRF (Suiza), señala que la CIA y los servicios de espionaje de la entonces Alemania Occidental (BND, en sus siglas germanas) controlaron en secreto una empresa suiza que fabricaba y vendía dispositivos de encriptación y líneas de comunicación seguras a más de un centenar de naciones. Pero el caso es que ni las líneas ni los mensajes cifrados eran seguros, ya que norteamericanos y alemanes tenían acceso a la información a través de los dispositivos.

Entre varios acontecimientos mundiales espiados, estas máquinas “pinchadas” alimentaron de inteligencia militar a Gran Bretaña durante la guerra de Malvinas, según publicó el diario Clarín. También siguieron de cerca las campañas asesinas de los dictadores de América del Sur.

En este sentido, Argentina y los países que integraban el Operativo Condor (el acuerdo entre varias dictaduras del Cono Sur para coordinar acciones represivas contra opositores) efectivamente utilizaron estos dispositivos con los que fueron espiados.

También fueron clientes de la empresa Crypto AG y sus máquinas trucadas, además de juntas militares de América Latina, países como Irán, naciones rivales como India y Pakistán, Estados miembros de la OTAN como España, la ONU e incluso el Vaticano.

La extensa investigación asegura que “estas agencias de espionaje manipularon los dispositivos de la compañía para poder romper fácilmente los códigos que los países usaban para enviar mensajes cifrados”.

El inicio

Todo empezó en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la firma Crypto fue creada por Boris Hagelin, un empresario e inventor nacido en Rusia pero que huyó a Suecia cuando los bolcheviques tomaron el poder. Cuando los nazis ocupaban Noruega en 1940, Hagelin decidió emigrar de nuevo, en esta ocasión a Estados Unidos.

El inventor llevaba consigo la famosa máquina encriptadora, bautizada como M-209. Según la historia interna de la CIA, citada en la investigación del Post, se hacía necesario controlar a Hagelin para que limitara la venta del codificador solo a países aprobados por Washington.

 
Boris Hagelin, con un aparato para encriptar mensajes.
En definitiva, Crypto no debía caer en manos de los soviéticos, los chinos o los norcoreanos. Esos países, sin embargo, nunca fueron clientes de la compañía, por lo que, en teoría, quedaron fuera de los límites directos del espionaje montado por EE.UU. y Alemania.

No obstante, los agentes de la CIA obtuvieron mucha información valiosa de Pekín y Moscú a través de las interacciones de estos países con servicios secretos o diplomáticos de naciones que sí tenían los aparatos de cifrado.

La conocida como Operación Thesaurus se firmó en un elitista club de Washington, el Cosmos, cuando Hagelin selló en 1951 con un apretón de manos durante una cena el primer acuerdo secreto con la inteligencia estadounidense.

El acuerdo consistía en que Hagelin trasladaba la compañía a Suiza y restringía las ventas de sus modelos más sofisticados a países aprobados por la CIA. Las naciones que no estaban en esa lista obtenían de Crypto AG sistemas anticuados y sin apenas efectividad. A Hagelin se le compensaba económicamente por la pérdida de ventas.

Luego la operación pasó a denominarse Rubicón, que permitió décadas de acceso sin precedentes a las comunicaciones de otros Gobiernos. Por ejemplo, en 1978, cuando los líderes de Egipto, Israel y EE.UU. se reunían en Camp David para negociar un acuerdo de paz, la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA, en sus siglas en inglés) escuchaba de forma secreta las comunicaciones del presidente egipcio Anwar el-Sadat con El Cairo.

A través de un sistema de Crypto se supo también que el hermano del presidente de EE.UU. Jimmy Carter estaba supuestamente en nómina del líder libio Muamar el Gadafi. La tecnología también propició que la Administración de Ronald Reagan pasase información a Londres sobre la breve guerra del Reino Unido con Argentina por las Malvinas. En 1989, el uso del Vaticano de un aparato de Crypto fue determinante en la captura el general panameño Manuel Antonio Noriega cuando el dictador buscó refugio en la Nunciatura de Panamá.

Los alemanes abandonaron el programa hacia finales de los noventa; la CIA continuó. Pero Crypto se fue disolviendo y dejó de existir en 2017. Ahora existen Crypto International y CyOne; la primera asegura que nunca supo nada de la trama de Crypto, y la segunda respondió “sin comentarios” ante las consultas periodísticas.

El engaño perfecto

En la década de los 70, Crypto AG vendió miles de esas sofisticadas máquinas de encriptación. En América fueron instaladas en México, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Venezuela y Nicaragua.

Según los documentos desclasificados recientemente por el gobierno estadounidense el uso de estos dispositivos brindó información sobre acontecimientos históricos como el golpe militar chileno de 1973, el golpe en Argentina en 1976, el asesinato del canciller Orlando Letelier en Washington en 1976, la revolución sandinista y la guerra Contra en Nicaragua, apoyada por la dictadura argentina, y también la guerra de Malvinas.

El Post relata que, en 1982, cuando la Argentina dudaba de que el equipo provisto por Crypto había revelado mensajes secretos y así ayudado a las fuerzas británicas en la guerra de Malvinas, fue enviado a Buenos Aires un representante de la compañía, un espía llamado Henry Widman, para tratar de resolver la situación.

Widman dijo a las autoridades argentinas que probablemente la NSA de Estados Unidos había intervenido un dispositivo que la Argentina estaba utilizando, pero que el producto principal que habían comprado de Crypto, llamado CAG 500, había permanecido “invulnerable”. El documento, revelado por el Post, dice que “el engaño funcionó”. 

“Los argentinos tragaron con dificultad, pero continuaron comprando los equipos”, señalaron. 

 
Fuente: Clarín / El País

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