De Malvinas al coronavirus: la historia de una enfermera en la línea de fuego

Sociedad 02 de abril de 2020
Alicia Reynoso sirvió en la FFAA durante la Guerra de Malvinas. Hoy asiste a pacientes en Entre Ríos. Una lucha por el reconocimiento en tiempos de crisis.
ambito

El 38 aniversario de la Guerra de Malvinas no es uno más. La efeméride encuentra a los argentinos sensibilizados. El aislamiento obligatorio dispuesto por el Gobierno para detener la pandemia de coronavirus despertó un sentido de unidad nacional inédito para los tiempos polarizados que corren.
 
Con alto acatamiento a la cuarentena, la mayoría de la población se guarece en su casa a la espera de días mejores. Pero existe otra historia: la de hombres y mujeres que tienen que poner el cuerpo, ya que su presencia es esencial en momentos de crisis, sobre todo la de quienes son profesionales de la salud.

Alicia Mabel Reynoso es una de ellas. Enfermera de 65 años, nacida en Entre Ríos, en su figura conviven dos de las experiencias que quedarán marcadas a fuego en la memoria colectiva: la Guerra de Malvinas y la lucha contra el Covid-19, una batalla abierta cuyo final todavía es incierto. Del otro lado del teléfono, recién llegada de participar de la campaña de vacunación antigripal, su voz cálida empieza a ordenar los acontecimientos que la tuvieron -y tienen- como protagonista.

 

Durante la guerra, Reynoso estuvo apostada en el hospital reubicable de la Fuerza Aérea, en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia.
Gentileza Alicia Reynoso

Pioneras
En 1980 Reynoso tenía apenas 22 años y ya era enfermera profesional. Fue en enero cuando ingresó a la Fuerza Aérea Argentina (FAA) junto a otras 13 colegas, en el marco de una prueba piloto para evaluar el desempeño de las mujeres en las FFAA, un ámbito históricamente vedado para ellas.

En diálogo con ámbito, relata: "Abrir caminos no es fácil para nadie, sobre todo en un ambiente pensado por y para los hombres. Nos costó muchísimo; no existían las oficinas de género adonde pedir auxilio. Fue todo a pulmón. En ese momento me resultó una salida laboral; no sabía que tenía la vocación de servicio. Me fui forjando, tenía 22 años cuando entré. Ya éramos enfermeras todas".

Más allá del apego y del amor a su profesión, Reynoso explica que no todo fue color de rosas: "Recuerdo que el primer desfile del 9 de julio, en 1980, nosotras estábamos orgullosas, y nos gritaban 'vayan a lavar los platos'. Era fuerte, pero estaba tan naturalizado que hasta lo tomábamos con un poco de humor. Pasó el tiempo y eso no se animarían a gritárselo a ninguna mujer hoy en día".

Reynoso, quien ya era enfermera profesional, ingresó a la Fuerza Aérea en 1980, como parte de una prueba piloto para aceptar mujeres en esa arma.
Gentileza Alicia Reynoso

La guerra

Ni Alicia ni sus compañeras sospechaban que su generación estaba destinada a pasar a la historia. Apenas dos años después de su ingreso a la fuerza, la Argentina recuperó el control territorial de las Islas Malvinas, dando inicio a la contienda bélica contra Gran Bretaña, la única que nuestro país atravesó en el siglo XX. Sonaban los tambores de la guerra.

Fue entonces que las enfermeras se movilizaron desde el Hospital Aeronáutico Central, en Pompeya, a la localidad chubutense de Comodoro Rivadavia, en cuyo aeropuerto se instaló el hospital reubicable de la FAA. En un principio, sería trasladado a las propias Islas, pero el suelo fangoso e inconveniente de Malvinas hizo imposible montar la estructura.

Hasta allí comenzaron a llegar los soldados heridos en batalla, cuyo relato le sirvió a las jóvenes para saber lo que ocurría en el frente. Las evacuaciones hacia el continente se hacían en la madrugada, cuando las naves argentinas podían entrar y salir del teatro de operaciones sin ser detectadas por los radares británicos.

"Nuestra labor fue contener y cuidar a los soldados. Sabíamos lo que teníamos que hacer, pero tuvimos que improvisar lo de cuidar el alma. Los combatientes que llegaban al hospital no lo hacían gritando de dolor, sino pidiendo por sus madres. Eso fue algo que terminé entender mucho tiempo después, cuando fui madre yo", dice Reynoso.

Por las camas de ese nosocomio pasaron soldados profesionales, colimbas inexpertos, y hasta un prisionero inglés. “La esencia nuestra no es matar, es curar. Es lo que ellos no entienden; no puedo agarrar un fusil porque yo no estudie para agarrar un fusil, aunque lo sepa. Yo soy mujer, después enfemera y, tercero, militar. Si hubiera querido otra cosa, podría haber seguido la carrera militar, pero no es lo que quería”, cuenta Alicia.

En aquel infierno de gritos, alarmas e insomnio, las enfermeras forjaron un sentido de hermandad que se mantendría en pie incluso después de la guerra, cuando empezaría una nueva pelea que las tendría como abanderadas: la lucha por la igualdad y el reconocimiento.

"Usted no vio nada"

Con la derrota consumada y las armas en silencio, las mujeres se dispersaron. Reynoso fue destinada a la Escuela de Aviación, donde comenzó una nueva etapa marcada por la oscuridad y el intento por acallarla. “'Usted no vio nada, olvídelo todo', nos decían. Querían que nos olvidemos y casi lo logran. Cada una se metió en su caparazón y siguió trabajando. La verdad es que cada 2 de abril, cuando veía los actos y no estábamos, sentía mucha angustia y bronca”, relata.

Pero su dolor tomó un camino alternativo al del silencio: “Después de eso fui designada al Edificio Cóndor, en Buenos Aires. Ahí empecé a hacer psicoanálisis, que fue donde pude empezar a hablar y contar. No lo hacía como ahora, sino que lloraba, lloraba y lloraba, hasta que fui sanando desde adentro hacia afuera. Esto no lo vamos a superar nunca, es nuestra mochila, simplemente se aliviana cada vez que se cuenta”.

A la histórica lucha de los veteranos por ser reconocidos, Reynoso y sus camaradas debieron sumarle una cuota más de dificultad: no fue gratis ser mujeres en un ámbito estrictamente machista, que se esforzó por mantenerlas alejadas de la historia oficial. En 2013, Alicia tomó la iniciativa y comenzó a contactar a sus antiguas compañeras, una experiencia que se plasmó en “Nosotras también estuvimos”, página de Facebook que recoge sus vivencias y que tendrá su correlato en un documental homónimo, cuyo estreno fue aplazado por la situación sanitaria.

“Le pedí a una sobrina mía que me ayude a subir unas fotos porque las quería compartir, y así nació la página. Apenas empecé, menos linda, me dijeron de todo. Estábamos descubriendo algo que se había ocultado tan bien durante 30 años. Nos quisieron borrar de la historia y casi lo logran. Siempre se habla de la primera piloto, de la primera mecánica, etc. ¿Y las enfermeras?”, se pregunta.

En este sentido, dice: “Por eso yo insisto con las enfermeras. No me interesa el reconocimiento de la fuerza; me interesa, por ejemplo, que mi libro 'Crónicas de un olvido' fue destacado por el Consejo de Educación como material de consulta en la currícula educativa. Eso es lo importante. La medallita y eso, se la regalo a ellos”.

De hecho, el destrato del que fueron víctimas se plasmó en un video viral del 2019, cuando intentaron negarles marchar en el desfile por el 9 de julio, incluso rechazando los documentos con los que el Senado las distinguió como veteranas de guerra. Finalmente, lograron hacerse un lugar en el evento y fueron recibidas con aplausos y ovaciones por el público.

 
En 2004, Reynoso se movilizó junto a los Cascos Azules a Haití, un país devastado por una cruenta guerra civil.
Gentileza Alicia Reynoso

El enemigo silencioso

“Tengo 65 años y sigo siendo enfermera. La profesión se lleva por dentro. Estoy en la franja de pacientes en riesgo, por la edad y porque soy hipertensa. Sin embargo, no veía la hora de que me llamen y me digan 'vaya a hacer lo que sabe hacer'”, explica Reynoso, recién llegada de Aldea Grapschental, una pequeña localidad ubicada a 30 kilómetros de Paraná, en donde vacunó a adultos mayores contra la gripe.

Allí se encontró con postales duras. Más allá de la penetración real del coronavirus, su omnipresencia en el inconsciente social despierta temor. “Cuando me encontré con los pacientes vi ojos de dolor en muchos de ellos. 'Tengo miedo de morirme solo', me dijeron muchos. Eso es terrible. Nunca pensé que lo iba a escuchar. Estuve en la Guerra de Malvinas, en la guerra civil de Haití y pasé un ACV. Termino mi carrera con una pandemia”.

En esa línea, analiza: “Este 2 de abril va a ser diferente y triste. Rescato que veo una Argentina unida como en 1982. Ojalá se mantenga, porque somos muy futboleros los argentinos; terminó el partido y ya está. De esta pandemia tenemos que salir mejores personas todos, porque hay algo, sea Dios o como quieran, que no está mandando un mensaje. Está en todos nosotros saberlo interpretar”.

“Recordaré a los únicos 649 héroes que hay, voy a poner como estandarte a los héroes y heroínas que son las enfermeras y los enfermemos, más allá de los médicos, los técnicos y todo el equipo de salud”, sostiene, y agrega: “Yo siento que tengo que estar en este frente, no en el más extremo, como en los hospitales, pero estoy al frente de la prevención, y en la retaguardia por si se desborda y nos necesitan a todos”.

Aprendizaje

Casi como una paradoja, la pandemia golpea al mundo en el 2020, declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el Año de la Enfermería. “Esto me afecta en la medida de que no se pueda frenar y que muera mucha gente. Después de que pase todo, si sigo viva, te diré cómo me afectó. Somos 3 compañeras las que estamos en actividad, y pensamos lo mismo: no nos mató la guerra, no nos va a matar este bicho de porquería”, desliza la entrevistada

Con respecto a sus pares, Reynoso dice: “Les pido a las enfermeras que sigan amando la profesión y que sigan mirando con el corazón y no solo con los ojos. El día que una enfermera no sienta que el dolor del otro es el de uno, se tiene que dedicar a otra cosa. Enfermería es eso: sentir el dolor del otro. A la gente joven le digo que no se amargue, que no van a ser ricos nunca pero van a tener una riqueza espiritual, ética y social. Eso no se paga con nada del mundo”.

“En estos días que vemos a las FFAA, quiero reivindicar el trabajo que están haciendo estos militares, que no son ‘aquellos’ militares. A ver si podemos pensar de una vez por todas que estos nos cuidan, nos protegen. No son los otros, que nos desaparecían. Yo me quedo con estos militares, las mujeres y hombres que le ponen el pecho todos los días”, sintetiza la profesional, a la espera de un nuevo día frente a un enemigo silencioso.

Fuente: Ambito 

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