



En un país donde la inflación y los saltos del tipo de cambio son parte del paisaje, muchos especialistas coinciden en que sumar renta variable puede ayudar a que los ahorros no queden “quietos” frente al paso del tiempo. Tener acciones en la cartera no es una fórmula mágica ni un atajo para ganar rápido, pero sí una herramienta para participar del crecimiento de empresas y diversificar el riesgo. En Argentina, además, la posibilidad de operar desde el celular con plataformas como Cocos hizo que esta alternativa deje de ser algo reservado para especialistas o para quienes ya venían invirtiendo en el mercado.
Acciones: qué estás comprando cuando invertís en una empresa
Una acción representa una parte de una compañía. A diferencia de un plazo fijo o un bono, donde el resultado se parece más a un interés pactado (con sus riesgos), acá el valor depende de cómo le va al negocio, de las expectativas del mercado y del contexto económico.
Eso explica dos cosas que suelen repetirse en cualquier conversación con expertos:
- el potencial de crecimiento es mayor a largo plazo, porque una empresa puede expandirse, invertir, mejorar márgenes y aumentar ganancias
- la volatilidad también es mayor, porque el precio sube y baja con noticias, balances y cambios de humor del mercado
La razón principal: crecimiento en el tiempo
La recomendación de “tener un porcentaje” se apoya en una idea simple: si tu cartera solo está en instrumentos conservadores, es probable que le cueste acompañar el crecimiento real de la economía y de las compañías. Las acciones, en cambio, pueden capturar parte de ese crecimiento.
No se trata de apostar a que todo suba siempre. Se trata de que, en horizontes largos, la renta variable tiende a tener más chances de superar alternativas muy conservadoras, justamente porque asume más riesgo y porque el motor de una empresa (ventas, expansión, innovación) no es el mismo que el de una tasa fija.
Diversificación: no depender de una sola jugada
Otra razón fuerte es la diversificación. Cuando ponés todo en un solo activo o en un solo “plan”, quedás expuesto a que una mala racha te pegue de lleno. Un portafolio más balanceado distribuye riesgos: parte en instrumentos más estables y parte en activos con mayor potencial.
La lógica es parecida a la de un equipo: no le pedís lo mismo al arquero que al delantero. En finanzas personales, la parte más defensiva te da estabilidad; la parte más dinámica te da chances de crecimiento.
Por qué “un porcentaje” y no todo
Los expertos suelen hablar de porcentaje porque invertir en acciones implica tolerar subas y bajas. Si ponés más de lo que tu cabeza (y tu presupuesto) puede soportar, la volatilidad te empuja a tomar decisiones apuradas: comprar por entusiasmo cuando todo sube o vender por miedo cuando baja.
Definir un porcentaje razonable ayuda a sostener el plan. No hay un número universal: depende de tu edad, tus ingresos, tu horizonte y tu objetivo. Una persona que ahorra para un gasto cercano suele necesitar más estabilidad; una persona que invierte para objetivos a varios años puede permitirse más exposición.
El factor Argentina: inflación, ciclos y oportunidades
En el mercado local, las acciones muchas veces reflejan con fuerza los ciclos del país. Cuando el contexto mejora, algunos papeles reaccionan rápido. Cuando aumenta la incertidumbre, también puede haber caídas bruscas.
Eso no convierte a las acciones en “peligrosas” por definición, pero sí obliga a pensar el timing con humildad: nadie acierta siempre el mejor momento. Por eso la recomendación de porcentaje suele venir acompañada de otra idea: sostener una estrategia en el tiempo y no enamorarse del día a día.
Cómo elegir mejor sin volverse trader
Invertir en acciones no exige estar pegado a la pantalla. Un enfoque más saludable para el inversor minorista suele incluir:
- priorizar empresas que entendés: qué hacen, cómo ganan plata, de qué dependen
- mirar diversificación: no concentrar todo en una sola acción
- tener un horizonte: definir si invertís para meses o para años
También sirve recordar que “me fue bien una semana” no es una estrategia, y que “me fue mal un mes” no significa que el plan sea malo. En renta variable, la paciencia suele ser parte del rendimiento.
La clave: que las acciones trabajen dentro de un plan
La mejor forma de sumar renta variable es integrarla a una planificación más amplia: presupuesto, ahorro, fondo de emergencia y objetivos claros. Cuando el orden de base está, el porcentaje destinado a acciones deja de ser una apuesta y pasa a ser una decisión consciente: aceptar algo de volatilidad hoy para intentar mejorar el resultado a futuro.








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