Murió Robert Duvall, actor de El Padrino, ganador del Oscar y casado con una salteña

Medios16/02/2026
Duvall

El actor de Hollywood ganador del Premio Oscar Robert Duvall murió el domingo en su casa del estado de Virginia, Estados Unidos.

Duvall, conocido por papeles icónicos como el de consejero de la familia Corleone en El Padrino y el teniente coronel de Apocalypse now murió a los 95 años.

El actor murió en la noche del domingo en su hogar de Middleburg, Virginia, rodeado de sus familiares, informó este lunes su viuda, la argentina Luciana Duval, oriunda de Salta, y posteriormente radicada en Jujuy.

Nacido Robert Selden Duvall el 5 de enero de 1931 en San Diego (California), sus primeros pasos en la carrera de actor los dio en muchas de las series que eran el producto más popular de la televisión estadounidense de la década de 1960.

Así, su rostro todavía juvenil puede descubrirse en capítulos de Combate, El fugitivo, Viaje al fondo del mar, Ruta 66 o El fugitivo, entre muchas otras.

La carrera de Duvall empezó a despegar en el cine cuando en 1970 tuvo un primer papel relevante en M.A.S.H., la sátira antibélica dirigida por Robert Altman que retrata a un campamento medico estadounidense en la Guerra de Corea.


Robert Duvall había vivido ya una vida entera cuando en 1996, durante una estadía en Buenos Aires, el azar lo llevó a cruzarse con Luciana Pedraza. Caminaba por la ciudad buscando flores, pero la florería estaba cerrada, y al seguir andando se encontró con ella. Luciana, que entonces tenía 24 años y trabajaba en la organización de eventos, se le acercó con naturalidad y le entregó una tarjeta para invitarlo a una inauguración de tango. No esperaba nada más que cumplir con su tarea, pero ese gesto mínimo abrió un camino inesperado.

El flechazo fue inmediato. Robert, con sus 65 años, quedó cautivado por la frescura y la autenticidad de Luciana, y ella descubrió en él algo que la sorprendió: un hombre gentil, honesto, trabajador y apasionado, alguien que no había dejado que la vida lo volviera cínico, sino que seguía maravillándose con cada experiencia. Él, por su parte, confesó que lo que más lo atraía de ella era su interior, su mundo propio, además de su evidente belleza. El tango se convirtió en el escenario natural de esa conexión. 

Robert no lo abordó como un turista curioso, sino como un aprendiz dispuesto a dejarse transformar. En las milongas porteñas encontró un lenguaje que le permitió acercarse a Luciana y, al mismo tiempo, a la Argentina. Bailar juntos fue más que un gesto romántico: fue la manera de compartir un territorio común, de construir un puente entre sus mundos. Esa pasión los llevó incluso a trabajar juntos en *Assassination Tango*, donde la ficción se mezcló con su propia historia.

Lo que comenzó con una tarjeta entregada sin expectativas se convirtió en una relación que desafiaba las diferencias de edad y de origen. Robert conquistó a Luciana no con artificios, sino con la decisión de involucrarse en su cultura, de aprender su idioma, de respetar sus raíces. Ella, al verlo entregarse con esa autenticidad, encontró en él un compañero capaz de sorprenderla cada día. Se casaron en 2005 y desde entonces compartieron proyectos artísticos y una vida que se mueve entre dos mundos, entre la serenidad de Virginia y la vitalidad de Salta y Buenos Aires. 

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