Las aberraciones sexuales del Padre Chauque Perales: violaciones y maltrato

Policiales 29 de octubre de 2020
Con su segunda víctima, y ya en la Parroquia Nuestra Señora del Tránsito, el sacerdote mostró su lado más perverso, pues no sólo la sometió por la fuerza sino también lo denigró como ser humano para asegurarse así la impunidad.
padre chauque perales

Conocida la denuncia del primero de sus víctimas, se conoció la segunda denuncia en contra de Chauque Perales es aún peor, pues en este caso la víctima afirmó que fue violado por el sacerdote, quien también le práctico sexo oral y lo sometió a agresiones como empujones y forcejeos.

Aunque los hechos sucedieron en 2016, dos años después de los abusos a un monaguillo en la parroquia de Cristo Rey, la denuncia se radicó recién en los primeros días de noviembre de 2019 y, tal vez, es la acusación más grave en contra del sacerdote.

En 2016, según lo relatado por su segunda víctima, Chauque Perales llegó a la parroquia Nuestra Señora del Tránsito como “vicario parroquial”, siendo monseñor Dante Bernacki, el titular de esa vicaría, ubicada en la esquina de avenida Reyes Católicos y Ameghino.

Desde que hizo su arribo a esa parroquia, el joven presbítero mostró confianza con un joven de 18 años, quien, a la postre, se convertiría en su segunda víctima. El denunciante asistía regularmente a la Eucaristía y se mostraba muy feliz, con el sueño latente de ingresar en Seminario.

A los días de acomodarse en su nuevo puesto, Chauque Perales avanzó e invitó a almorzar a su nueva víctima en la parroquia, tomándose el recaudo de hacerlo cuando su superior no estaba en el edificio. Concluida la comida, el sacerdote se sentó al lado del joven con la excusa de tomar una foto juntos.

Ese movimiento no pasó desapercibido, pues el joven se sintió intimidado y para no caer mal, prefirió no decir nada.


Hasta ese momento el sacerdote se había mostrado “cercano” y “amistoso”, relación que alimentó aún más con el correr de los días hasta que se ganó la confianza de su víctima.



Para ello invirtió en salidas, almuerzos e incluso cenas, oportunidades en la que Chauque Perales desplegó otra manera de manipular al joven. Dejó de lado ese perfil de recto y firme, utilizado con su víctima anterior, para mostrarse más humano y con un pasado de sufrimiento a manos de un padre alcohólico y carente de afecto.

Una estrategia perversa

“Compartíamos muchas actividades y al fin de cada una, él comentaba en las conversaciones experiencias pasadas para obtener lo que quería”, entre ellas, mencionó que “su padre estuvo ausente, era alcohólico y no le daba cariño”.

No obstante, marcaba bien su posición dentro de la parroquia y nada se hacía sin su autorización o venia. Así, con el tiempo, el sacerdote comenzó a tomarse selfies con su cara pegada a la del joven, a quien bautizó como su “chachito”.

Cuando el joven quería alejarse, interpretaba muy bien su papel de víctima, o bien, intentaba seducirlo con regalos y hasta le daba pequeñas sumas de dinero, como así también lo desanimaba en sus deseos de ingresar al Seminario. Le decía que no iba a aguantar, pero en realidad “no me quería perder”.

Para mantenerlo cerca, exigía su presencia en charlas y otras actividades de la parroquia y siempre “se ofendía cada vez que no hacía algo que me pedía”. En dos ocasiones, y debido a su actitud posesiva, terminaron enfrentados en discusiones, en las que el sacerdote se mostró violento, con empujones, forcejeos e insultos.


“En varias oportunidades me dijo que era gay”.



Las actividades preferidas del padre Horacio, sin embargo, eran las invitaciones que le hacía a su víctima, tanto para ver películas en la parroquia o para que fuera a cenar, tras lo cual sucedían largas conversaciones, las que muchas veces se tornaban en desagradables.

Un fin de semana, en las vacaciones de invierno de 2017, Chauque Perales tuvo una cena con el joven, en ese momento ya de 19 años. En la sobremesa, la charla se centró en reproches del cura a su ayudante. “Me decía que no le daba tiempo, que no le contaba mis cosas y que no lo mensajeaba”.

La conversación no terminó bien, pues el sacerdote condujo al joven a su habitación por la fuerza. “Me agarró el brazo y me arrastró hasta la habitación, no fue muy violento el arrastre, pero si puse un poco de resistencia, pues era una mezcla de sentimientos”, contó.

Casi paralizado por el miedo, el sacerdote, al llegar al dormitorio, arrojó al joven en su cama. “Me tiró sobre la cama, yo quedé boca abajo. Me bajó los pantalones por la fuerza y agarrándome por los hombros me penetró”, relató.

Sin poder moverse del shock, el sacerdote aprovechó y sacó su celular, con el cual tomó fotos mientras violaba a su víctima, tras lo cual se metió en el baño, de donde salió apesadumbrado al punto tal que se largó a llorar. “Tenía un gran lunar en la espalda”, agregó como prueba de lo sucedido.

Mientras lloraba, aseguró el denunciante, el sacerdote le pidió perdón. “Me levanté y me fui a mi casa. Nunca hablamos del tema. Al llegar a mi casa me fui a bañar, me sentía sucio. Sentía mucho dolor”, recordó amargamente.

Más abusos

Tras este episodio, el joven trató de olvidar todo y buscó borrar de su mente lo sucedido, pero fue imposible. Arraigado a sus creencias, no dejó de asistir a la parroquia y siguió con sus actividades religiosas, mientras el padre Horacio “siguió como si  nada”. Seguía enviándole mensajes y, en cada encuentro, se victimizaba".

Sin embargo, todo era una fachada y eso quedó demostrado al poco tiempo, cuando se hizo una “movida” para reunir donaciones e ir a misionar a Las Lajitas, la víctima trabajó en la recepción de mercaderías, tarea en la que también se involucró Chauque Perales.

Al guardar las donaciones, en un salón que el sacerdote acusado, casualmente, tenía acceso y las llaves, sucedió un segundo caso de abuso, pues el padre Horacio lo arrinconó detrás de una puerta y le practicó sexo oral por la fuerza.

“Cuando terminé de ordenar las donaciones, el padre me agarró por la fuerza y me llevó detrás de las puerta del salón y me hizo sexo oral. Después me pidió disculpas”, narró en su denuncia el joven, quien días después, el 25 de diciembre de 2017, volvió ser víctima de la misma práctica sexual por parte del sacerdote, pero en Las Lajitas.

“En el colectivo rumbo a Las Lajitas me dijo que quería dormir conmigo en una habitación”, dijo el joven al referirse a otros de los episodios de abuso sufridos a manos del sacerdote. “En un momento cuando llegamos, en un salón de la capilla, intentó bajarme los pantalones y después me realizó sexo oral”.

Tras años de reunir fuerzas para denunciarlo, tiempo que dedicó a mucha oración y el canto litúrgico, este joven finalmente logró revelar el calvario vivido, paso que no fue nada sencillo, pues en su perversidad y búsqueda de impunidad, Chauque Perales se encargó de denigrar a su víctima para evitar que lo denunciara.

“Me decía vos no tenes ningún título, nadie te va a creer, vos no sos nada, vas a terminar perdiendo si haces algo. Estas poniendo en juego estar en el seminario”, fueron algunas de las tantas humillaciones proferidas por su abusador.

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