Encuentros virtuales, una tendencia que crece en Salta: “Gano bien y nadie me toca”

Sociedad 29 de marzo de 2021 Por InformateSalta
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Dentro de los enormes cambios que trajo la pandemia, uno de los desafíos que todas las personas tuvieron que sortear fue repensar la forma de relacionarse con otros. Clases virtuales, reuniones por Zoom, videollamadas en familia: el contacto cambió en los distintos ámbitos y lo mismo ocurrió con la intimidad y la fantasía. 

Quizás la búsqueda por lo nuevo, la necesidad de intercambio o la posibilidad de revelar una nueva faceta de uno mismo, sumado a la pauta de la virtualidad, fueron las que generaron un clima ideal para que tomen fuerza plataformas como Skokka, donde se ofrecen diferentes opciones y servicios sexuales.

Dentro de lo más clásico, muchos prefieren concretar un encuentro con mujeres para tener experiencias carnales y de contacto directo. Otros, en cambio, buscan salir de la rutina (muchas veces marcada por la familia y el trabajo) y en lugar de incurrir en estas prácticas, acuden a encuentros virtuales arancelados. Videollamadas, chats hot o sexting por diferentes plataformas: los servicios sexuales virtuales tienen una demanda insospechada para quienes no se encuentran dentro del circuito. 

En este vasto universo, los dispositivos electrónicos se convirtieron en aliados a la hora de acercar a los individuos. Así, las aplicaciones de encuentros y relaciones están experimentando niveles históricos de participación desde el comienzo de la pandemia. 

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Clasificados eróticos, sexo sin contacto: La historia de Martina

Así como en algún momento las páginas de contenido pornográfico rankeaban en las preferencias masculinas, ahora parecen verse opacadas por sitios webs donde se ofrece otra clase de servicios en los que prima la interacción a distancia

Entre ellos Skoka es uno de los más consultados en diferentes partes del globo y de la que participan y ofrecen sus servicios un gran número de argentinas. Entre ellas, InformateSalta accedió el testimonio de Martina, una salteña de 30 años que ofrece chats y videollamadas, fotos y videos a cambio de dinero. 


“Muchos piensan qué sentido tiene algo virtual en comparación al contacto carnal, a tener un encuentro, ver y sentir pero muchos lo prefieren. No creía hasta que me metí y entendí la cabeza del usuario” 


“Me escriben personas que se van a masturbar”, dice resuelta Martina, añadiendo: “Eligen una modelo en vez de ver una porno que es aburrida, sin interacción, en la que no pueden pedir nada y donde todo es ficticio”. 

Bailes, frases calientes, disfraces hot: el cliente elige según la tarifa y el tiempo, pero sin establecer otro contacto que no sea virtual: “Gano mucho y a mí no me toca nadie”, enfatiza Martina. “Hago videos personalizados o llamadas, recibo el importe, brindo el servicio y se terminó. No hago encuentros ni mantengo confianza con el usuario”, detalla. 

Estimando que en un buen día puede recibir más de 100 llamadas y ganar al menos $8000, a veces en pesos argentinos, a veces con aportes en dólares, la joven explica que esto le permite comer, estudiar, ayudar a alimentar a su familia y darse grandes gustos. 

¿Acaso la virtualidad brinda un marco de seguridad a las mujeres que deciden trabajar de esta forma? Según Martina, sí. “Las chicas que brindan servicios presenciales se exponen a muchas cosas, maltrato, enfermedades, hacer cosas que no quiere hacer”, opina.

El público y la ganancia

La charla entre InformateSalta y Martina fue reveladora. Ella logra mostrarnos, lejos de prejuicios o ribetes morales, este universo de ofertas y demandas virtuales. 

Además de ofrecer estos servicios, desde la comodidad del hogar, Martina tiene familia, esposo, un hijo, estudia y trabaja. Su pareja, lejos de ser un problema, la ayuda con producción de las fotos y los videos. “Al principio no le gustó, pero después entendió el mecanismo, empezó a ver plata, mucha plata y entendió que es un laburo”, explica y añade: “Vivíamos mal, de prestado, no nos alcanzaba con nuestros dos sueldos, con esto pudimos alquilar, tener nuestro auto, mantener la familia, darnos gustos”. 


“Empecé al ver un mensaje en Facebook, me contacté, me informaron, hice la primera foto, la primera llamada, empecé a ver dinero y no paré más”


Indagando en las tarifas, la joven aclara que depende de la plataforma y de la nacionalidad del cliente. En su caso, la base para videollamadas de 5 minutos, o un chat hot de 10 minutos es de $450, llegando a los $950 en caso de videollamadas de 10 minutos, con trajes y juguetes. En Paypal, la tarifa se dolariza a 6 USD. En todas estas ofertas, la joven evita, por ejemplo, mostrar la totalidad de su rostro para preservarse.

En torno al perfil de los clientes y sus morbos, Martina aclara que se puede encontrar de todo. Resalta que el cliente porteño es mucho más cuidado y delicado en sus gustos que el salteño, al que cataloga de “directo, sucio, explícito”. 

Canciones, disfraces, urofilia y otra clase de fetiches aparecen en los pedidos, pero ella es la que decide si accede o no. “El 90% de los usuarios son personas con una vida hecha. Quieren algo para refrescar los ojos y salir de la rutina”, nota. 

“Cliente que se va complacido, vuelve”, finaliza. 

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