Historias de hijos de desaparecidos salteños: la Provincia dentro del contexto de la última dictadura

Sociedad 24 de marzo de 2019 Por
¿Cuántos lugares de nuestra ciudad recorremos a diario sin detenernos a pensar en la carga histórica que tienen? A 43 años del último gobierno de facto, repasamos brevemente algunos de sus episodios y buscamos reflexionar sobre nuestra historia y memoria colectiva a partir del relato de Martín, docente e hijo de un matrimonio desaparecido en 1977. VIDEO.
martin arancibia
Créditos foto Fefo Sarmiento

 “24 de marzo de 1976, la Presidenta María Estela Martínez de Perón es llevada en helicóptero hasta  aeroparque, y de allí a la residencia en Messidor, en Neuquén, convertida en su prisión. El Teniente General Jorge Rafael Videla, el Almirante Emilio Eduardo Massera y el Brigadier Orlando Ramón Agosti, se hacen cargo del gobierno a fin de llevar a cabo el proceso de reorganización nacional”, así inicia su relato la segunda entrega de “La República Perdida”, documental de historia argentina que salió a la luz al cumplirse los 10 años del gobierno de facto.

Mientras tanto, las radios repetían “Comunicado N°1 de la Junta Militar: Se informa a la población que a partir de la fecha el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar”. “¡Cayó Isabel!”, “Videla asumió la Presidencia”, “Las tres fuerzas armadas han asumido el ejercicio de poder”, titulaban los diarios. Así comenzaban a escribirse las páginas más dolorosas de la historia argentina.

La Junta Militar comenzó suspendiendo la actividad de los partidos políticos y el derecho a la huelga, estableció pena de muerte para los delitos de orden público apegándose al Código de Justicia Militar, se arrestó a funcionarios y  dirigentes del gobierno anterior presuntamente implicados en negocios perjudiciales para el país, se disolvió el Congreso Nacional y removió a los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En tanto, Videla aclaraba honoríficamente que los cargos eran actos de servicio por los que no percibiría sueldo.

En simultáneo se anunciaba como Ministro de Economía al Dr. José Alfredo Martínez de Hoz, quien implementó uno de los más duros planes económicos a los que nos someteríamos como pais. Sus primeras medidas fueron congelar los sueldos de los trabajadores, que quedaron bajo el control de la Nación. Se sacaron los controles de precios, se recibieron 400 millones de dólares del FMI, y la inflación había subido más del 300% al año.

La preocupación del gobierno de facto era desdeñar los mecanismos constitucionales que permitían la corrupción y el caos, aduciendo y justificándose en la violencia de "extremistas y guerrilleros". Con el lema “PROTEGER ES QUERER” los argentinos soportamos operativos, controles, palpado de armas, exhibición de documentos en aeropuertos, oficinas públicas, rutas, barrios, como reza “La República Perdida”.

En este afán de reducir las “molestias causadas por la democracia” comenzó a verse la violencia represiva, con su secuela de desapariciones y cadáveres. Con el argumento de desarticular guerrillas, todos pasaron a ser sospechosos y culpables, incentivando la prosperidad de los más de 360 centros de detención clandestina que se ubicaron en Argentina, campos de concentración donde se procedía a fichajes, interrogatorios, tortura y muerte de los sospechosos.

De los 7 años que duró el gobierno de facto se contabilizan aproximadamente 30.000 desaparecidos. 30 mil personas: imagínese el Estadio de Gimnasia y Tiro, colmado, con 5 mil personas extra desde las calles. Y detrás de cada uno de ellos, una familia.  

Este capítulo que se prolongó hasta 1983 hizo que la vuelta a la Democracia con Raúl Alfonsín se viviera de manera enérgica y con el mayor de los júbilos por parte del pueblo acribillado. 

Relatos en primera persona: Martín Arancibia

Buscando relatos que pudieran referirse a la fecha, llegamos a Martín Arancibia, un docente recibido en Ciencias Políticas, que se desempeña en la Escuela Normal. Desde su historia, Martín nos abre, a través del diálogo, una ventana a lo más íntimo de su pasado. Es hijo de María Eugenia Zago y Roberto Ramón Arancibia, ambos salteños desaparecidos el 11 de mayo de 1977 en San Telmo.

“El relato es cruento, como el de cualquier película. Es una secuencia de fotos en la cual un día te tocan la puerta de tu casa y hay 4 personas pensando qué van a comer, una madre diciendo ‘ya salgo’, una puerta que se toca, una puerta que se derriba, y lo que sucede son imágenes que no tienen una hilación y terminan siendo un dato amarillo dentro de la vivencia”, explica Martín, a lo que añade: “Te coarta la posibilidad de conocerte, de construirte, te coarta un montón de cosas que después vas reconstruyendo de otra manera”.

Aquel mediodía, luego de que se llevaran a sus padres con una violencia inimaginada, él y su hermana pasaron 8 meses en una Casa Cuna, hasta que Clarín publicó sus fotos y llegaron a ojos de su abuela paterna, quien residía en Salta. A partir de entonces comenzaron “a construir un nuevo nido” en el marco de una infancia feliz.

Sabíamos qué había pasado, fue horroroso, el momento fue durísimo, ves que tu mamá y tu papá se van, te separan de ellos de una manera excesivamente violenta. Estoy diciendo que hemos reído, no que no haya sido horroroso”, explica.

Desde entonces, comenzó a construir su memoria e identidad a partir de todas aquellas personas con las que se fue encontrando y que aportaban referencias y relatos sobre su familia. “Empezamos a construir la memoria desde el lugar en el que la memoria se empieza a imponer, quiénes son, qué hacían, empezás a averiguar, aparece gente que te ayuda a reconstruir”, profundiza.

 

Recordándo la sonrisa de su padre y la mirada de su madre, Martín recorre los testimonios de aquellos familiares y compañeras de sus padres que ayudaron a recuperar la imagen de quiénes eran.

Su relato, compuesto por entretejido de numerosas historias y personajes, continúa ya que la historia no termina con la detención y desaparición de Roberto y María Eugenia. En el año 2003, el Equipo Argentino de Antropología Forense encuentra enterrado como NN los restos de su padre. Las pruebas indican que fue una de las víctimas de los “vuelos de la muerte”, en diciembre de 1977, tras permanecer 7 meses privado de su libertad y siendo sometido a torturas.

  

“Es como cuando lees un libro y es una novela trágica, es mucho más, me toca a mí, y a mi hermana y mi familia ser protagonistas. En lo personal lloraba sin el dolor de la pérdida, era el llanto que le debía a él y que probablemente me lo debía yo también. Tenía que comunicárselo a mi familia, a la única hermana que quedaba de mi viejo, y fue acercarme, decirle ‘aparecieron los restos de tu hermana’ y ella me dijo ‘Estas mintiendo, él va  venir a tocarnos la puerta’”, relata Martín.

Y ¿qué te devuelven? Restos armados, a diferencia de otros casos como el Pozo de Vargas, donde lo que te devuelven es lo que queda de un pozo que fue destrozado por dentro. En el caso de mi viejo fue encontrado por el EAAF en la misma tumba común en la que estaba Azucena Villaflor y las monjas francesas” continúa y concluye afirmando que “Los huesos de las personas te devuelven una historia y esa historia de esos meses te devuelven costillas rotas, huesos con electricidad… te devuelve todo eso”.

Salta, lugares que no están exentos de la historia

Valiéndonos de los conocimientos de Martín, le consultamos por cómo se vivió el proceso en nuestra Provincia. Su respuesta nos demuestra que son muchos los sitios de memoria y es mucha la amnesia social que impide que lo tengamos presente. “Pasamos todos los días por los Cuarteles Militares, que fueron centros de detención, pasamos todos los días por el Gallinato, que tiene un lugar de la memoria, pasamos por el Penal de Villa Las Rosas que fue protagonista de la Masacre de Palomitas, pasamos por Calle Güemes y por ese Castillo (la central de policía) que también fue un centro de detención, como tantos otros lugares. Lo que queda es seguir transitando y recordando, hablar de la historia de cada lugar”, aporta. Emprendiendo estos recorridos es como uno se encuentra con gente que recuerda nombres, relatos, tiempos. Personas que en lugar de emprender exilios externos hicieron exilios internos en silencio.

Volviendo al lugar de partida

Hoy es 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, fecha que increíble como tardíamente fue establecida en 2003 para recordar el último golpe cívico-militar, el terrorismo de Estado y los crímenes de lesa humanidad que suma 30.000 desaparecidos.

Fue con 34 votos a favor, 17 en contra y 4 abstenciones en el Senado, y con 123 votos positivos versus 36 negativos y 11 abstenciones, que se aprobó la ley que le da un lugar a la fecha que recordamos hoy y que nos invita a reflexionar sobre estos conceptos.

En nuestro caso, nos valdremos una vez más del aporte de Martín Arancibia, para concluir con su percepción: “La memoria nos construye como cuidadanos. No la mia, no mi historia cruenta, esta memoria colectiva que nos hace tales. No somos los mismos después de la dictadura. Una identidad de pueblo no se puede construir en base a la negación. No puedo negar un hecho, un terrorismo de estado, no lo puedo negar y no lo puedo justificar bajo ningún concepto. A la memoria la tenés que descubrir, en función de algo, en función de construir ciudadanía, hablamos de construir esa ciudadanía responsable que pueda plantearse aquellas cosas que no quiere que vuelvan a suceder. La identidad para mi es eso que el otro me da, eso que tengo a partir de mis propios recuerdos que me permite decir quién soy, adónde estoy, que me permite plantarme ante lo que no quiero y la memoria me ayuda a construirme, eso que hago individualmente intento que lo pasemos a nivel colectivo”.

“Si la pregunta final es por qué marchamos, marchamos para seguir construyendo ciudadanía, resistencia, porque en marchar nos encontramos”, finaliza Martín Arancibia.

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