Historias de amor

Sociedad 14 de febrero de 2020
Margarita se levantaba cada mañana, y antes que pestañear se dirigía a la ventana que daba a la calle y allí se detenía a mirar. Entre despeinada, entre almohadas, entre sueños. Ella había nacido en el norte de la provincia de Salta, se había casado con un alto funcionario de la zona. Tenía tres hijos varones y trabajaba como ama de casa.
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En los tiempos donde la libertad personal dependía del sacramento del matrimonio, donde la paternidad se ejercía de forma dictatorial, el amor ocupaba un lugar tan secundario como prohibido. De todas formas, ella cada bendita mañana miraba por la ventana, como si al aire que respiraba, necesitara verlo.

En la rutina de su vida, entre la casa, la crianza de sus hijos, la compañía de su esposo, Margarita siempre fue un ama de casa diferente al resto. Desde su infancia, hermana y madre de sus hermanas, aprendió todos los oficios y quehaceres posibles, con la constante curiosidad de aprender, de leer, con la costumbre de escribir en sus pocos tiempos libres. Luego incursionando en la pintura, en las artesanías. De ojos claros, de piel blanca, cabello castaño, tan bella a la vista pero más bella por dentro. De su interior salían notables gestos de generosidad, chispas mágicas de humor, una sonrisa sincera, un carácter tan dócil como intenso.

Luego su vida junto a su familia se mudaron a la zona de Cuyo. Allí se instaló para ver crecer sus nietos, y recordar su pasado tan rico como complejo. Las carencias de la infancia, luego la etapa de ser una adolescente con responsabilidades, el casamiento y la maternidad a temprana edad. El amor no correspondido o por terceros, elegido.

Margarita es bisabuela. Tiene nueve décadas vividas. Desde Salta destino a la tierra del sol y la vid nos dirigimos. La buscamos de su casa y ella coqueta como siempre sale de tacos y maquillaje en tono. El asado familiar con amigos y allegados nos aguardaba. La mesa estaba servida y el diálogo era inevitable. Entre bromas, entre dichos de antaño, las carcajadas se hacían una orquesta. Hasta que se acerca a la ventana. Corre la cortina y se posa como actuando sus primeros años de matrimonio.

- "Allá enfrente vivía un hombre, el amor de mi vida. Quiero decir que viví mi vida complaciendo a terceros, traté de ser feliz. Con mucho respeto, con cariños, eso sí, también. Enfrente de mi antigua casa, él solía pasar y nos solíamos mirar. Mi vecino de enfrente. Un hombre del cual en silencio me enamoré a simple vista y él se enamoró de mí. No tenía cargos en ninguna empresa, en ese momento no tenía trabajo, solo sé que estudiaba y que después fue un simple empleado de YPF.  Al quedar viuda intenté buscarlo y me di con la noticia de que había fallecido. Y que así como yo lo busqué, el me buscó.  El único contacto que tuve, fue un beso en la mejilla, a escondidas, a la vuelta de casa,  una carta con las palabras más lindas del mundo y un amor que fue y nunca pudo ser…".

Por Nico Cortés

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