“Ojalá te pudras en el infierno”: el áspero encuentro de Biden con los familiares de las víctimas del aeropuerto de Kabul

Internacionales 31 de agosto de 2021
Joe Biden

WASHINGTON (The Washington Post).- Joe Biden ingresó silenciosamente en el salón de la Base Aérea Dover donde lo esperaban los acongojados familiares de los soldados muertos en los atentados frente al aeropuerto de Kabul. El presidente norteamericano fue pasando familia por familia, para hablarles en privado.

Hasta la noche anterior, Mark Schmitz no tenía el menor interés en encontrarse con un presidente al que no votó, cuyo manejo de la retirada de Afganistán critica, y a quien ahora culpa de la muerte de su hijo Jared, de apenas 20 años.

Pero durante la noche que pasó en un hotel de las inmediaciones de la base aérea, Schmitz cambió de idea, y el domingo a la mañana ahí estaba junto a su esposa, para recibir las condolencias del presidente Biden. Schmitz recuerda haberlo mirado con dureza cuando se acercó, así que Biden optó por dirigirse más bien a su exmujer y referirse repetidamente a su propio hijo, Beau, fallecido hace seis años.

Pero Schmitz no quería escuchar hablar de Beau: quería hablar de su hijo Jared. En determinado momento, Schmitz y su mujer sacaron una foto de Jared para mostrársela. “No olvide nunca este nombre. No olvide nunca esta cara, No olvide nunca los nombres de los otros 12”, le espetó Schmitz a Biden. “Y dedíqueles un poco de tiempo, para conocer sus historias de vida.”

Al parecer, a Biden no le gustó nada, y Schmitz recuerda que les contestó con irritación: “Conozco sus historias de vida”.

 
La llegada de Joe y Jill Biden a la base de Dover

Fue un momento extraordinario de dos hombres puestos cara a cara por la historia. Uno, el presidente de Estados Unidos, que se jacta de poder empatizar casi con cualquiera en un momento de dolor, pero que de pronto se enfrentaba con un dolor en cuyas causas tuvo participación. El otro era el orgulloso padre de un marine de Missouri, a quien un par de noches antes lo habían despertado a las 2.40 de la madrugada para darle la infausta noticia de la pérdida de su hijo.

Tal vez sea una señal de la profunda grieta que divide a Estados Unidos, pero Schmitz no fue el único familiar que tuvo un debate interno antes de aceptar encontrarse con Biden, y que al mismo tiempo no dudó en manifestarle abiertamente sus críticas al comandante en jefe.

La familia de Rylee McCollum, soldado de primera del cuerpo de marines, también tuvo sentimientos encontrados a la hora de decidir si hablar con el presidente.

 
Rylee McCollum


Las hermanas y el padre de McCollum acompañaron a la viuda del soldado, Jiennah McCollum, en su viaje hasta la base de Dover, pero a la reunión con Biden solo asistió Jiennah.

Después del encuentro, una de las hermanas del soldado fallecido comentó que a Jiennah las palabras del presidente le sonaron guionadas y vacías, una conversación que duró apenas un par de minutos, “un total desprecio por la pérdida de nuestro marine, nuestro hermano, hijo, esposo y padre.”

La Casa Blanca no hizo comentarios sobre lo que hablaron Biden y los familiares de los fallecidos, y dijo que esos intercambios eran privados. Pero la semana pasada, cuando se supo la noticia de esas muertes, el presidente recordó públicamente que él y su esposa Jill habían perdido a su hijo Beau, que fue soldado en Irak y más tarde sucumbió a un cáncer fulminante.


 

Joe y Jill Biden, durante el traslado de los cuerpos de los marines muertos


“Como muchos de ustedes, sabemos un poco lo que hoy sienten las familias de estos héroes”, había dicho Biden. “La sensación de ser chupado por un agujero negro en el medio del pecho, del que no hay salida. Lo que están pasando me duele en el corazón.”

A pesar de su desencanto con Biden, hay una parte del encuentro que a Schmitz le pareció bien. En determinado momento, el presidente extrajo del bolsillo superior de su saco la tarjeta que siempre lleva consigo donde consta el número dotal de miembros del servicio activo norteamericano que murieron en Irak y Afganistán.

Hace años que Biden habla de esa tarjeta, pero ahora sumaba los muertos de su gestión. “Al final, había escrito ‘+13’,” dice Schmitz. “Es solo un número, pero refleja que lo tiene en mente. Le doy la derecha en eso.”

Schmitz no quiere politizar el relato de su encuentro con Biden, y dice que sus propias emociones eran por momentos cambiantes y contradictorias. No quería encontrarse con Biden, pero igual fue. No pensaba darle la mano, y al final lo hizo. Está de acuerdo con Biden en el retiro de tropas, pero cree que cometió un error garrafal en la manera.

Y aunque vio todo rojo cuando Biden entró en la sala, Schmitz también reconoce lo difícil que debe haber sido para un presidente dar ese paso.

“Debe ser de lo más difícil que le tocó en la vida”, dice Schmitz. “Uno toma decisiones, y después vienen las consecuencias. Tiene que ser difícil, no digo que no lo sea. Pero no podés entrar y abrazar a alguien como si no tuvieras nada que ver en lo que pasó. Cuando sos comandante en jefe, las cosas no se hacen así”.

 
La llegada de los marines muertos a la base de Dover

Biden no se dirigió al grupo en su conjunto, con comentarios preparados, sino que fue recorriendo el salón para tener un momento en privado individualmente con cada familia. Y las reacciones fueron de lo más diversas. Algunas familias directamente optaron por rechazar la invitación, mientras que otros se abrazaron con el presidente.

Tras sufrir semejante pérdida, algunos familiares sintieron la necesidad de interactuar directamente con el presidente, entre ellos Jiennah McCollum, que se había casado con Rylee McCollum hace apenas seis meses y que está embarazada de ocho meses del hijo que concibieron juntos.

“Jiennah quería mirarlo a los ojos y escuchar lo que tenía para decir”, dice la hermana del soldado McCallum, pero agrega que su cuñada volvió muy decepcionada, porque el presidente miraba el reloj todo el tiempo y no paraba de hablar de la pérdida de su hijo Beau.

“No tiene ni idea”, dice la hermana del soldado fallecido. “Ni papá ni yo queremos verle la cara. No alcanza con arrodillarse frente a la bandera nacional y fingir que te importa. Esto no tenía por qué pasar, y ahora tiene las manos manchadas de sangre. Son miles los afganos que sufrirán y serán torturados por su incompetencia.”

Schmitz no reacciona tan violentamente, pero dice que sintió mucha más contención de parte de los militares que se acercaron ese domingo a ofrecerle sus condolencias, que por las palabras de Biden.

Cuando las familias fueron saliendo de su encuentro con Biden y se acercaron a la pista de la base aérea para ver cómo bajaban los cuerpos de sus seres queridos del avión C-17 que los había transportado, las emociones seguían a flor de piel.

“Me hervía la sangre cada vez que Biden miraba el reloj”, dice Schmitz.


 

Joe y Jill Biden en la base de Dover

Ya hacia el final, hubo un nuevo estallido de dolor. Mientras las familias volvían a subir al micro que las transportaba, una mujer no pudo contenerse y empezó a gritar a través de la pista en dirección a Biden.

“Ese era mi hermano” estalló la mujer. “¡Ojalá te pudras en el infierno!” /La Nación

Por Matt Viser

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