



La Fundación Mediterránea proyectó que la inflación de 2026 se ubicará en un rango de entre 18% y 30%, de acuerdo con tres escenarios elaborados a partir de los supuestos económicos planteados por el Banco Central.
El informe toma como eje la evolución de la demanda de dinero y la relación entre la base monetaria y el Producto Bruto Interno (PBI), variables clave para sostener el proceso de desinflación y la acumulación de reservas.
Escenario base
En su escenario central, la Fundación Mediterránea parte de una remonetización gradual de la economía. “Nuestro escenario base de remonetización proyecta un incremento de 0,6 puntos porcentuales en la relación Base Monetaria/PIB, en línea con la meta comunicada por la autoridad monetaria. Bajo este supuesto, la base monetaria se expandiría del 4,4% actual al 5,0% del PIB para diciembre de 2026”.
Según el análisis, este aumento en la demanda de pesos permitiría al Banco Central acumular reservas por unos US$ 6.500 millones y llevaría la inflación interanual hacia diciembre de 2026 “en torno al 23%”.
Escenario optimista
El segundo escenario contempla un contexto más favorable, con una mayor demanda de dinero. “En un escenario optimista, donde la demanda de dinero supere las expectativas iniciales hasta alcanzar el 5,4% del PIB (lo que se traduce en una suba de 1 punto respecto al guarismo de fines de 2025), la inflación punta converge hacia el 18%/19% anual”.
En ese marco, el Banco Central contaría con un margen más amplio para la compra de divisas y podría adquirir aproximadamente US$ 9.500 millones en reservas. Además, el informe destaca que, “en cualquiera de las variantes antes mencionadas, la inflación de este año se estima que será menor a la de 2025 y sustancialmente inferior a la de los años precedentes, consolidando el proceso de desinflación”.
Escenario pesimista
Por último, el escenario adverso plantea una menor expansión de la base monetaria. “Por el contrario, en un escenario pesimista donde la demanda de base monetaria tan solo crezca 0,3 puntos del PIB, la inflación se mantendría en niveles cercanos al 30% anual”.
En este caso, el Banco Central tendría una capacidad más acotada para acumular reservas, estimada en alrededor de US$ 4.500 millones. El documento advierte que este escenario refuerza la necesidad de una política monetaria cuidadosa: “para sostener el sendero de desinflación, nuestra autoridad monetaria deberá calibrar sus intervenciones, ya sea ralentizando el ritmo de acumulación de reservas o recurriendo a mecanismos de esterilización para absorber cualquier exceso de oferta de pesos”.










No más espirales, la tecnología que se vende para matar mosquitos
















