Reclamo30/04/2025

Desinformación y filas eternas: familias con discapacidad reclaman dignidad

Frente a las oficinas de la Superintendencia de Servicios de Salud de la Nación en Salta, ubicada en Belgrano 570, decenas de personas pasan la noche esperando que a las 8 de la mañana se abran las puertas.

Buscan respuestas y asistencia en el marco del proceso de revisión y actualización de pensiones por discapacidad, que generó un fuerte clima de incertidumbre.

Los términos discriminatorios en una resolución sobre personas con discapacidad

Un relevamiento de Aries FM registró el descontento de las personas: “Estuve ayer hasta las tres de la tarde y no me dieron ni un número”, lamentó una mujer que decidió volver a hacer la fila desde la 1:30 de la madrugada.

Otra madre denunció que, pese a recibir un mensaje donde le garantizaban atención hasta las 16, el edificio cerró a las 13, dejando a numerosos solicitantes sin respuesta.

Desde la delegación informaron que solo dos empleadas están a cargo de la atención al público, en un horario reducido de 8 a 13. Mientras tanto, en las puertas del edificio, la fila ya supera la cuadra y dobla por calle Mitre.

La situación se torna cada vez más crítica. “Ayer hubo gente que se descompensó, vinieron ambulancias y la policía, pero aun así no atendieron a todos”, relató otra de las mujeres presentes en la larga espera.

Las personas afectadas son, en su mayoría, familiares de niños y adultos con discapacidad, que reclaman explicaciones claras, empatía por parte del personal, y la implementación de un sistema de turnos.

La mayoría ni siquiera recibió una notificación formal por carta documento, sino que se enteró a través de escuelas terapéuticas o por mensajes informales, lo que suma aún más desconcierto a un trámite ya de por sí complejo.

El procedimiento apunta a acreditar nuevamente la condición de discapacidad para poder continuar recibiendo la pensión nacional, que equivale al 70% del salario mínimo y ronda actualmente los $290.000 mensuales. La falta de información, el desborde en la atención y la exposición a largas esperas convierten este proceso en una experiencia angustiante y, para muchos, humillante.