“La política en tiempos de voto electrónico”

Opinión 17 de noviembre de 2019
Salta cuenta con un sistema de voto electrónico desde el año 2009 donde se realizó la primer prueba piloto en 36 mesas del departamento Capital, y gradualmente se fue incrementando hasta cubrir el 100% de las mesas de la provincia en el año 2015.
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Más allá de la discusión sobre la relación entre tecnología y política, también se cuestionó la credibilidad y transparencia del sistema (funcionamiento de las máquinas, recuento de votos, desconfianza que genera la tecnología en el votante, la capacidad de hackear la base misma de la democracia, etc). No es una novedad que se denuncien irregularidades en los comicios: miles de testimonios de los y las votantes en cada acto electoral dan cuenta de que algunas máquinas funcionan mal, o no imprimen la fórmula que se eligió, o también desde los partidos políticos se denuncian “maniobras con las máquinas”, entre otras. Estas irregularidades a las cuales nos hemos acostumbrado y poco se hizo al respecto, pareciera ser una discusión de técnicos pero en realidad debiera ser de la ciudadanía entera.

Otra de las aristas de la discusión es el impacto ambiental que provoca el ejercicio de la democracia con el método de la boleta tradicional en las elecciones, principalmente considerando el uso del papel. En una provincia en donde el desmonte se profundiza año a año, que no tienen ningún tipo de políticas de mitigación ni de adaptación al cambio climático, donde tampoco se regula el impacto ambiental que provocan los candidatos en sus campañas (como el caso de la avioneta que sobrevoló la provincia entera durante las últimas semanas de campaña no solo generando una enorme huella de carbono sino también contaminación auditiva) el argumento de lo ecológico pareciera caerse por la borda. 

Es momento de preguntarse por algunas otras consecuencias que provocó este sistema. Un dato que llamó mucho la atención de los/as salteños/as fue la amplia cantidad de gente que decidió participar en primera persona en política y ser protagonistas formando parte de las listas electorales: 16.000 personas fueron precandidatas en la provincia. ¿Qué pasó? ¿De pronto surgieron unas ganas impresionantes de participar en política? ¿Salta logró conformar una clase política tan amplia que alcanza a 16.000 personas?

El reemplazo del enorme despliegue que hacían los partidos políticos territorialmente durante los comicios con el sistema tradicional del voto, por el actual sistema tecnológico, ha mostrado sus consecuencias. Miles de obreros y obreras de la política, hombres y mujeres en cada mesa, de cada escuela, en cada uno de los municipios de la provincia ya no existe.  El partido ya no necesita cubrir a lo largo y a lo ancho el territorio con su gente, ya no necesita militantes en época de campañas (mucho menos aún sin campaña), ya no necesita llenar de fiscales la provincia que crean en un proyecto polìtico y peleen por un voto más a su favor.

Ha muerto la figura del fiscal del partido y con ella también el antiguo sistema de partidos. ¿De donde salen ahora los/as líderes políticos/as? ¿cómo identificamos referentes que puedan hacerle frente a los clásicos  (o arcaicos) cuadros políticos?

El impacto directo en el sistema de partidos es innegable.

La antigua discusión sobre la máquina que reemplaza al hombre ( y por cierto también a la mujer), desde la revolución industrial ha estado presente siempre. Pero en Salta deberíamos empezar a hablar también sobre la máquina que reemplaza al sistema de partidos.

Sin trabajo en el territorio, sin la necesidad de un gran aparato de militancia, sin la figura del fiscal en cada mesa, en cada escuela, en cada municipio hasta el más recóndito de la provincia, ¿Cómo construir liderazgos en un sistema de voto electrónico, donde una pantalla digital logra despersonalizar la política, donde la máquina reemplaza al fiscal que defiende sus votos, donde la tecnología importa más que lo político? 

Muerto el sistema de partidos, ¿quién tiene los votos? Llenaron nuestras boletas electrónicas de “gente conocida”. Influencers, conductores/as de televisión o radio, famosos/as, cantantes de folclore o cumbia, familiares de viejos políticos, etc..

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Más mujeres en el ¿poder?

Muchas (y muchos) se alegraron de ver mujeres ganando espacio en la política salteña como intendentas, diputadas y concejalas. Frente a la desigualdad estructural entre varones y mujeres en un mundo patriarcal es realmente algo para destacar. Pero ¿qué mujeres ganaron?

Me pregunto cuántas de estas mujeres ganadoras son cuadros políticos puros salidos de la militancia o de las entrañas del partido mismo, o cuantas hicieron su carrera política con convicciones partidarias firmes, o se formaron en la función pública por ejemplo. 

Por supuesto que existen mujeres que trabajan desde las bases de los partidos, que tienen largas trayectorias polìticas, pero lamentablemente muy pocas llegan a ser parte de las fórmulas. En su lugar es mejor sumar famosas, influencer, mujeres que atraigan votos. Los partidos políticos hacen uso de la imagen de muchas de ellas para resultar atractivos al electorado profundizando los estereotipos de género.

Celebro que cada vez seamos más mujeres en política y espero que esta sea una oportunidad para que aquellas mujeres que ganaron puedan empezar a pensar la paridad en términos estructurales en el Estado. Sin embargo, sobrados ejemplos tenemos de gobiernos que a pesar de tener mujeres no son igualitarios. Tal es el caso de la provincia de Buenos Aires, donde la actual gobernadora María Eugenia Vidal no tiene ni ministras, ni secretarias, y solo un 22% de subsecretarias mujeres.

La victoria de una mujer no necesariamente se traduce en mayor igualdad de género.

Por: Luciana Modica - Tesista de la Licenciatura en Cs Política UNRC. Noviembre, 2019

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