Salta quiere evitar otro desastre como el de la "gripe española"

Sociedad 29 de marzo de 2020
La provincia se prepara para evitar sufrir las consecuencias de la pandemia, como le ocurrió en 1919 por la “gripe española”, una de las más devastadoras.
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Lo peor está por venir", insisten epidemiólogos a lo largo y ancho del país. La verdad es odiosa, pero hay repetirla, porque la salud y la vida de miles de personas estarán en juego en pocos días cuando empiecen a multiplicarse los contagios del coronavirus.

Por estos momentos muchos se preguntan si los hospitales, ambulancias, camas, respiradores y operadores de la salud, pública y privada, serán suficientes en Salta para evitar en el sistema sanitario colapsos como los que el mundo vio primero en China y después en países europeos como Italia y España. La respuesta es no, a menos que se cumpla a rajatablas el aislamiento social obligatorio que el gobierno entiende indispensable extender, para evitar que Argentina cierre el primer semestre con cerca de 2,2 millones de infectados y alrededor de 60.000 probables fallecimientos. Este es el peor de los escenarios definidos por expertos en un informe que llevó a decretar la cuarentena total desde el pasado 20 de marzo. El escenario más optimista es una curva epidemiológica más aplanada que llegaría a finales de junio con cerca de 250.000 personas contagiadas. Según proyecciones realizadas en base a las experiencias de China y los países europeos, en la mejor de las hipótesis serían aproximadamente 2.000 las personas fallecidas. La posibilidad de cambiar los escenarios se limitaría solo a una providencial vacuna (que no estará disponible en el invierno que se acerca) y al grado de concientización social que alcancen las medidas de aislamiento.

 Aunque la cara oculta de la pandemia empezaría a verse en una o dos semanas, Salta llegaría al punto de aceleración crítica (epidemiólogos lo ubican cerca del 15 de abril) con una curva más amesetada que las de Buenos Aires y otras provincias de la región pampeana, o las de Chaco y Tucumán, por establecer comparaciones más cercanas. Aun con un solo caso confirmado en la provincia, la ministra de Salud de Salta, Josefina Medrano, aclaró que "nada está dicho todavía". Y no es ella la única que ve la situación del país con extrema cautela. Científicos de Estados Unidos, Europa y Asia comparan al avance del COVID-19 con el de la "gripe española", que entre 1918 y 1919 infectó a más del 50% de la población mundial y mató al menos a 50 millones de personas. Estudios recientes elevaron la estimación a aproximadamente 100 millones de fallecidos, con 30 millones de decesos solo en China.

Fue la primera pandemia global, y una de las más letales de la historia, pero, paradójicamente, poco estudiada hasta 2009, cuando quedó definitivamente redefinida como gripe A (H1N1) con nuevos brotes que se aplacaron tras un saldo de 17.000 fallecimientos por la disponibilidad de una vacuna.

Un siglo después

Frente a la amenaza del COVID-19, es importante recordar lo que ocurrió hace un siglo con el brote de "gripe española" o "grippe", como también se la llamó entonces, porque los contagios iniciales se hicieron sentir en la primavera de 2018 en las grandes ciudades de la región pampeana, pero los alcances más devastadores se registraron en el invierno de 2019 en las provincias del norte y fundamentalmente en Salta.

Adrián Carbonetti, un investigador del Conicet, analizó en un riguroso trabajo los factores que incidieron en la propagación de los contagios y los catastróficos impactos de la "epidemia olvidada". Su investigación, en la que también quedaron reflejadas las consecuencias de la tardía reacción oficial ante el trágico brote de gripe A de 2009, es una invitación a extremar todos los esfuerzos públicos, privados, individuales y colectivos ante las fases iniciales del COVID-19.

 
El virus de la "gripe española" ingresó a la Argentina en la primavera de 1918 y se expandió inicialmente por las provincias del centro del país: Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza y San Luis.

Sin embargo, advirtió Carbonetti, la estela más destructiva de la pandemia llegó en el invierno de 1919 y golpeó a las provincias más pobres y atrasadas del norte, donde las tasas de mortalidad por gripe escalaron de manera pavorosa: mientras en la Capital Federal el aumento fue de 2,7 a 4,3 y en la provincia de Buenos Aires de 2,1 a 7,1 muertos por cada 10.000 infectados, en Catamarca la tasa pasó de 0,3 a 40, en Jujuy de 7,4 a 97,7 y en Salta de 10 a 121. También Santiago del Estero (0,7 a 40,6), Tucumán (1,4 a 40,9) sufrieron saltos abruptos de mortalidad por gripe, que los conocimientos de la época no llegaban a clasificar como A/H1N1.

De esa forma, mientras en provincias de la región pampeana entre 1918 y 1919 la tasa de mortalidad creció entre 2 y 6 veces, las del norte del país la vieron multiplicada entre 11 y 133 veces.

Las provincias del centro del país, y especialmente la Capital Federal, tenían sistemas de salud mucho más preparados y mejores condiciones sanitarias que las provincias norteñas. Por otra parte, la mortalidad por contagios creció mucho más en territorios donde las poblaciones tenían condiciones socioeconómicas críticas.

Relajamiento

La enfermedad entró por Buenos Aires en octubre de 1918 y las temperaturas primaverales demoraron el desarrollo de la epidemia hasta el invierno de 1919, cuando comenzó a impactar con alcances desoladores en Salta y otras provincias del norte.

El 16 de octubre de 1918, el diario La Nación titulaba que la “grippe” no debía alarmar a la comunidad porteña con su presentación “benigna”. En esa traquilizadora columna, el periódico observaba que las condiciones sanitarias y alimentarias eran en Buenos Aires completamente distintas a la de Europa en guerra.

 
Dos días después la sociedad de Buenos Aires paseaba nuevamente por las calles porteñas y se burlaba de la pandemia, haciendo caso omiso a la posibilidad de sufrir y propagar contagios.

En las noticias aparecía otro fenómeno que se repite ante epidemias: la especulación en torno de productos esenciales. Los precios de las pastillas de alcanfor, los laxantes y las sales de quinina mostraban incrementos de hasta 10 veces. También aparecían publicidades con oferta oportunista de productos que, supuestamente, servirían para evitar o curar la “grippe”.

Solo en seis días la percepción optimista sobre el brote desapareció y el pánico comenzó a apoderarse de los gobiernos y las sociedades a medida en que crecían exponencialmente los contagios y las cantidades de enfermos que pedían asistencia a sistemas de salud completamente desbordados.

En ese contexto, el tren se convirtió en uno de los factores fundamentales de la propagación de la gripe.

Reacción tardía

Desde mayo de 1919, en Salta y provincias vecinas se suspendieron las clases, se cerraron establecimientos educativos, templos religiosos y hasta se prohibió la concurrencia a velorios, pero ya era demasiado tarde y prácticamente en todas las casas había enfermos que no tenían quien los atienda.

Se abrieron así las puertas de un verdadero infierno. Y en medio de la tragedia social, por si algo faltara, aparecieron las peores bajezas con el aprovechamiento político de la pandemia y las muertes. 

Un siglo después, el COVID-19 da a la sociedad unos días de gracia para comprobar que las brechas de desigualdad socioeconómicas, sanitarias y de salud poco o nada cambiaron.

El aislamiento social obligatorio es la estrategia delineada por el gobierno para evitar el colapso sanitario. Mientras tanto, el sistema de salud de Salta navega por estos días por un mar tormentoso sobre un barco en construcción. 

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