"Nos hizo sentir invencibles y creímos que él era inmortal"

Sociedad 26 de noviembre de 2020
Por Gustavo Ruiz.
maradona idolo

Con la celeste y blanca dibujada en la piel, nos hizo sentir invencibles y creímos que él era inmortal. Es que tantas veces gambeteó a la parca y jugó tiempo de descuento, que pensábamos que nunca llegaría el pitazo final de su partido, hasta que un día llegó. Y cerró los ojos en su casa, lejos de las tribunas que corean su nombre o de jugadores que le daban un beso antes de sacar un lateral.

El Pelusa de Villa Fiorito no pudo con su genio y subió amontonando rivales. Aquí quedamos los que lo queremos bien y también aquellos que lo defenestran.

Atrás quedaron recuerdos a fuego, que viví con mi viejo futbolero y pasional. Y es imposible hablar del Diego sin recordar, por ejemplo, el abrazo y las lágrimas con mi padre cuando Maradona transformó el ruido de los cañones de Malvinas por el grito del mejor gol de todos los Mundiales. Y no me resisto a emocionarme, a llorar cuantas veces quiero, con el festejo junto a mi viejo, que justo ese mes la había pasado mal por un problema de salud, pero la alegría que el Diego nos regaló fue el mejor remedio.

Podría escribir muchas cosas de Diego Armando Maradona, pero el mundo es una gigantesca redacción y ramilletes de flores y velas encendidas.

Dejame que me quede con las lágrimas de felicidad de mi papá, con ese abrazo que todavía me calienta el pecho, y con esa postal de la vuelta olímpica en el Azteca. Disculpen ustedes si lo mio se limita a una pelota, ¿pero saben qué pasa?, es que amo al fútbol, y Amo a Diego, porque desde la humildad de su precaria casa en Fiorito, supo crecer desde su zurda para regalarnos a los argentinos la gloria futbolera más deseada.

La última, Diego, si en el cielo ves a un chapista pelado con cara de malo y manos callosas de tanto laburo, dale un abrazo hermano, porque cuando le ganamos a los ingleses el corrió hacia el viejo televisor Phillips blanco y negro, lo abrazó y le dio tres besos a la pantalla. Me acuerdo y se me caen las lágrimas, ta que lo parió.

Gracias por todo Gladiador del planeta fútbol, cuando te calzabas la celeste y blanca éramos invencibles, y pensábamos que vos eras inmortal. No te voy a despedir porque vos no te vas a ningún lado: vivirás en el corazón de tu gente.

Sos el más grande de todos.

Por Gustavo Ruiz

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