Amor y aprendizaje: El desafío de ser madre

Opinión 15 de octubre de 2017 Por Flor Zumaeta
Ser mama sin dudas es una bendición, cada día de la existencia de nuestros hijos desde el momento mismo de la concepción, aprendemos a ser mama. Aprendemos de cada uno de nuestros hijos porque ellos tienen personalidades diferentes.
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Les enseñamos, los guiamos, aconsejamos, les creamos hábitos, marcamos ciertas conductas, pero fundamentalmente les damos la vida.

Creo que el deseo de ser madre llega a nuestras vidas en el momento justo y le llega a casi todas las mujeres, pero decidir ser madre depende también de la realidad y de nuestros valores.

Cuando decidimos ser mamas no debe ser una obsesión, tenemos que saber esperar el momento, creo que las mujeres sabemos como, cuando y donde!. El mismo deseo de ser madre nos lleva a realizar muchas modificaciones en nuestra vida diaria.

Cuando elegimos tener un hijo debemos hacerlo desde la responsabilidad y el compromiso; en tranquilidad, con confianza y nuestra seguridad de ser mamas de un ser que llega al mundo, totalmente indefenso.

Este deseo llega en el momento justo ni antes ni después, sin forzar. Las dudas surgen, nos sentimos inseguras,  que no estamos preparadas y hasta tenemos miedo de perder independencia, trabajo, vida social.

Si queres ser mama tenes que saber que no se necesita tener un titulo y los hijos no llegan a este mundo con un manual de instrucciones con respuestas de la A a la Z. Ninguna de nosotras nace sabiendo como ser mama; si podremos estar preparadas recopilando experiencias de nuestras madres, de tías o amigas. Leyendo en internet o libros sobre maternidad.

Pero la realidad nos demuestra que poco y nada sirve todo esto porque nuestras propias vivencias son las que nos enseñaran a ser una madre para nuestros hijos.

Madres biológicas, adoptivas, con o sin pareja seremos siempre madres la diferencia esta en como los criamos, educamos y cuidamos.

Solo quienes somos mamas sabemos lo que sentimos y cual  es nuestra verdadera realización de mujeres al convertirnos en mamas. Cuando experimentamos el maravilloso don de ser madres no podemos compararlo con nada en el mundo ya que nada puede igualar esta sensación tan maravillosa de dar vida, tener esa capacidad de procrear y cobijar en nuestro vientre nueve meses una vida. Un don que solo tenemos las mujeres.

Desarrollamos y damos libertad al amor materno; ese amor único e irrepetible. Somos capaz de dar nuestra vida por los hijos. Luchamos contra todo y con todos. Aprendemos a dar de mamar y cambiar pañales, a dormir todas dobladas, a no tener tiempo para cambiarnos y lavarnos el pelo, a cantar canciones de cuna y contar cuentos con voz de muñeca, no sabemos de cansancios, dolores propios, sacrificios y esfuerzos.  Somos mamas 24 horas y amamos serlo.

Renegamos, reímos, derramamos lagrimas por ellos ante alguna adversidad o situación de emoción. Amamos verlos crecer en el día a día y ver sus logros escolares, deportivos o ante cualquier desafío que se les presente.

Somos mamas desde la concepción misma, como escribí al principio y aún adultos continuamos ocupándonos y preocupándonos por nuestros hijos, porque el amor materno no tiene limites.

Aprendemos y crecemos juntos a la par.

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