Tenemos esperanza

Opinión 25 de septiembre de 2020 Por Federico A. Storniolo
Más allá del escándalo, el morbo, y otras cuestiones vinculadas al caso protagonizado por el porteño, aunque representante de los salteños en el Congreso, Juan Emilio Ameri, quedó demostrado que cuando quieren, las instituciones funcionan.
Juan Ameri

Muchas veces en la Argentina ocurren cosas que nos sacuden, nos impactan. Y cuando creemos que hemos visto todo, pasan cosas inimaginables.

Y no porque lo que hizo ayer durante una sesión mixta (con legisladores de manera virtual y otros de forma presencial) el diputado nacional por Salta, Juan Ameri, nos parezca algo extraordinariamente fuera de lugar en cuanto al hecho en sí, sino por lo que representa.

No es en definitiva los que estaba haciendo con su pareja, definido por algunos medios como "manoseo sexual", para otros como algo pornográfico, sino porque Juan Emilio Ameri es un representante del pueblo de Salta, que cobra un sueldo pagado por todos los argentinos para que legisle, y lo mínimo que debe hacer durante una sesión es: 1 estar presente; 2 interesarse en los temas y aportar.

Bueno, con su actitud, Ameri demostró una falta de respeto total hacia el Congreso de la Nación, hacia sus pares, hacia sus votantes y hacia los salteños.

Pero si hay algo positivo que podemos destacar de este escándalo, es que al menos una vez, en nuestro malogrado país, funcionaron las instituciones, y la política dio una señal que no todo está perdido.

¿Y por qué decimos esto? Porque la actitud de Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación fue contundente, rápida, acertada. Aplicó el reglamento sin dudar, y lo suspendió inmediatamente.

El Congreso, como parte del Poder Legislativo, repudió de manera unánime este hecho, y nadie trató de minimizar u ocultar semejante proceder, que avergonzó a la política en general y a los salteños en particular.

Porque el Frente de Todos, partido al que representa Ameri, actuó sin tratar de buscar excusas, o proteger a uno de sus pupilos. La fuerza en su conjunto salió a reprocharlo, lo echó y exigió su renuncia. Lo hizo el partido y lo hicieron los máximos referentes de esta fuerza, encabezada por Sergio Leavy en Salta. Nora Giménez, Verónica Caliva, Gonzalo Quilodrán, por nombrar algunos, cuestionaron duramente a Ameri, y nadie trató de defenderlo. Por una vez, en la política, no se quiso disimular o justificar o argumentar en defensa de uno de los suyos, como suele ocurrir. Como se dice, le soltaron la mano. 

Los medios de comunicación cumplieron su rol. Exponer la situación, recoger opiniones, incluso la del propio protagonista de este bochorno, que cada vez que abría la boca, se hundía un poco más.

Hay esperanzas, de que al menos una vez en Argentina las cosas se hicieron rápido, sin titubeos, y de manera correcta. Ojalá sea el inicio de algo esperanzador a futuro. Que las instituciones y la política (bien entendida) funcionen.

Hay decenas de ejemplo, quizás iguales o peores que éste (como los bolsos de López, la maquinita en La Rosadita contando dinero, por nombrar algunos) donde a pesar de la contundencia de las pruebas, no se actuó así y algunos dudaban de los hechos, inventado historias, especulando, descreyendo lo que estaba a la vista de todos.

Argentina tiene esperanzas. El país necesita que sus instituciones funcionen, y que sus representantes actúen con la responsabilidad y seriedad que una situación de emergencia como la que estamos viviendo amerita.

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