Una médica argentina que trabaja en Inglaterra y ya se vacunó: "Es la única salida"

Coronavirus 27 de diciembre de 2020
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La Argentina se prepara para la mayor campaña de inmunización de la historia, pero una de nosotros ya se pudo vacunar. Se trata de la pediatra Gabriela Fillón, la primera argentina de la historia en vacunarse contra el coronavirus, quien nació en la ciudad santafesina de Rafaela, en Santa Fe, y hoy vive en Somerset al sur de Inglaterra.

La Dra. Fillón adquirió la valiosa inmunización gracias al programa de vacunación que diagramó el Reino Unido, priorizando recursos para el personal de salud, fuerzas de seguridad y personas mayores y de riesgo, tal como lo hará la Argentina en las próximas semanas.

“Siempre supimos que la salida de esta pandemia es la vacunación, y podemos darle fin vacunándonos”.
En diálogo exclusivo con el medio El Multimedio Nuevo Diario – Radio LV11, Gabriela Fillón cuenta en primera persona su experiencia como médica sin fronteras, defensora de las vacunas y el por qué su nombre quedará en la historia:

“No sé, me parece que no, no creo. De todas formas, si me tocó por algo habrá sido, por que como pro vacunas, gasté mucho tiempo de mi consulta tratando de convencer a mares para que se vacunen”.

“He trabajado antes de esto con Médicos Sin Fronteras en campañas de vacunación y son muy fanática de las vacunas. Yo creo que si me tocó ser conocida por esta forma, tendré la misión de ayudar a vacunar a la población, de que tengan confianza en las vacunas. Pero si, por supuesto, sin buscarlo encontré algo para hacer algo de educación sobre la vacuna”.

Una de las primeras vacunaciones masivas fue en el Reino Unido, y Gabriela, como personal de salud, recibió su dosis

“El 8 de diciembre se empezó a dar la vacuna en el Reunió Unido, el plan de vacunación era para mayores de 80 principalmente, para los geriátricos y sus cuidadores; para el personal de salud, las fuerzas públicas y policiales. Era un grupo muy grande dónde la prioridad eran los mayores de 80. La vacuna de Pfizer, que se debe mantener congelada entre -60 y -80 grados, posterior a eso se descongela y se debe usar dentro de los 5 días”.

Gabriela estaba cocinando la cena al momento que fue convocada, y sin dudarlo, dejó todo y salió hacia el hospital del Distrito de Yeovily en Somerset, dónde se convirtió en la primera argentina de la historia en inmunizarse contra el coronavirus.

“Cuando llegaba el viernes a la noche, llamaron a los médicos que estaban de guardia, y como yo estaba de turno, cerca de las siete cuarto me llamaron y ahí me coloqué la vacuna; estaba cocinando cuando me hablaron. Dejé todo y 

volví antes de que se la den a otra persona, así que llegué me vacuné y aquí estoy. Ese día me puse la primera dosis, y la próxima será en enero”.

Dejó la Argentina para unirse a Médicos Sin Fronteras (MSF)
“Yo me fui hace 20 años de la Argentina, estaba trabajando bien, tenía mi consultorio, pero siempre tenía el sueño de trabajar con Médicos Sin Frontera, así que dije, bueno lo hago, renuncié a lo bien que me iba, porque tenía un puesto en un hospital y en un sanatorio privado, tenía mi auto, mi departamento, pero no quería vivir así, sin hacer lo que soñaba”.

“Renuncie y me fui a trabajar con ellos a Sri Lanka, a Colombia y después al África del oeste. Quedé embarazada ahí del padre de mis hijos que es inglés, dejé MSF y me vine a Londres, dónde estuvimos un par de años, los niños eran chicos y no podía trabajar; era un lio, pero una amiga que estaba en España me llamó y me dijo que hay un puesto acá y que la vida era más tranquila para poder estar con mis hijos, fui a Menorca, una de las islas Baleares. Ahí trabajé 5 años, hasta que me viene para acá en el 2012 y ya son 8 años. Y bueno, a los pocos años me separé, y seguiremos aquí hasta que los chicos terminen el secundario y por ahí vuelvo a MSF”.

La clave del fin de la pandemia es la vacunación. Gabriela nos invita a inmunizarnos y darle fin
“Desde la entrada a esta pandemia sabíamos que la vacunación era la única forma de salir, no había otra forma, lo sabíamos; o bien contagiándonos todos, que nos podría tomar años y una mortalidad increíble. O sea que acá la única salida es vacunarse”.

“Yo soy pro vacunas, creo en ellas y se han puesto muchísimos recursos económicos, como fue el caso de Pfizer, dónde estuvieron noche y día los científicos trabajando para lograr esta vacuna. Esperemos que la gente acepte estas vacunas, hay muchísima gente detrás, todos los recursos de fase humana están controlados por la OMS. Yo creo que hay que confiar en los científicos e investigadores que hay detrás, necesitamos muchas vacunas más, con una sola no va a alcanzar”.

Con respecto al movimiento antivacunas, uno de los mayores riesgos a la salud pública, Gabriela sentenció:

“La gente que es antivacunas, no hay una explicación científica, son grupos minoritarios que generalmente tienen una filosofía de vida donde no quieren inocularse ciertas cosas artificiales, y piensan que el proceso natural de la enfermedad es mejor”.

“Aquí mucha gente se salva, los vulnerables se afectan, pero la gente joven y sin enfermedades preexistentes pasa sin pena ni gloria, pero los ancianos y con riesgo se ven afectados. Como también lo es con la tos convulsa, o el sarampión en los bebés. Si un recién nacido, o un bebé de pocos meses o menor de un año, tiene tos convulsa, la posibilidad de morir es altísima por los abscesos con apneas; o entran en respirador con un paciente difícil de ventilar, lo mismo con un sarampión o encefalitis”.

La diferencia de épocas y el avance de las vacunas en países desarrollados
“He visto en áfrica muchos brotes de sarampión, meningococo, enfermedades que prácticamente ya no diagnostico; pero empecé a trabajar en el época pre vacunas, dónde no había vacunas para ciertas patologías que prácticamente ya no se ven. En mi época de residente, era normal todos los meses diagnosticar una meningitis, meningococo, neumococo, influenza; casi no se ven hoy en día. En 8 años vi dos o tres meningitis en Inglaterra, te das cuenta que las vacunas sirven”.

Remarcó la eficacia de las vacunas. “Es evidencia científica tipo A, es decir que no hay forma de refutar esto, o sea que no hay forma de justificar no vacunar; los padres tienen la responsabilidad de vacunar a sus hijos, que el que corre el riesgo no es el padre, es el niño. Para mí las vacunas deberían ser obligatorias, por más de que no se pueda, pero en algunos países debería ser obligatoria”, finalizó Gabriela.

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