



El cobre volvió a posicionarse en el centro de la agenda minera global a partir de precios récord que están redefiniendo estrategias de inversión a escala internacional. En la Bolsa de Metales de Londres (LME), el metal rojo superó los u$s13.000 por tonelada métrica, mientras que en el mercado de futuros COMEX (CME Group) las cotizaciones se ubicaron por encima de los u$s6 por libra. El salto responde al temor a una escasez estructural y a la creciente preocupación por la seguridad del suministro de minerales críticos.
A lo largo de 2025, el cobre acumuló una suba cercana al 40% interanual, consolidándose como uno de los commodities de mejor desempeño. El consenso del mercado es claro: la transición energética, la electrificación del transporte, el avance de la inteligencia artificial y la expansión de los centros de datos requerirán volúmenes crecientes de cobre durante las próximas décadas. En ese sentido, John Meyer, analista de SP Angel, advirtió que “los precios del cobre tienen que subir más para persuadir a las mineras a generar una nueva producción significativa”, al señalar que muchas explotaciones operan desde hace años por encima de su capacidad de diseño, con mayores riesgos operativos.
Este escenario global, sumado a la adecuación a la Ley de Glaciares, abre una ventana estratégica para la Argentina, que concentra algunos de los mayores proyectos de cobre sin desarrollar del mundo, localizados principalmente en la Cordillera de los Andes. El secretario de Minería de la Nación, Luis Lucero, citó estimaciones de la Agencia Internacional de Energía que anticipan un déficit sostenido de oferta: será necesario producir al menos un 115% más de cobre que todo lo extraído históricamente antes de 2018 solo para acompañar las tendencias actuales. En ese contexto, sostuvo que “Argentina para 2030 podría ser proveedora del 2,2% del total de la producción global proyectada”.
Con valores sostenidos por encima de los u$s13.000 por tonelada, numerosos proyectos que hasta hace pocos años presentaban dudas de rentabilidad mejoran de manera sustancial sus indicadores económicos. El cobre es un negocio intensivo en capital, con inversiones iniciales que suelen superar los u$s3.000 millones por emprendimiento, largos plazos de maduración y una elevada sensibilidad al precio internacional.
Desde el sector explican que el impacto de la cotización va más allá del valor puntual. Una fuente especializada vinculada a proyectos bajo el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) señaló que el factor clave es el precio de referencia de largo plazo. “El cobre a u$s6 la libra mejora mucho los proyectos, pero lo fundamental es el piso del precio. Así como el oro no volvió a u$s1.000 la onza, el cobre difícilmente regrese a u$s2 la libra. Con este panorama cambian las leyes de corte y se puede producir más”, explicó.
Un ejemplo concreto es el yacimiento Bajo El Durazno de Alumbrera, que dejó de operar en 2018. Con el cobre en torno a los u$s6 por libra, Glencore anunció que en 2027 reabrirá las instalaciones para procesar material almacenado en la escombrera, una decisión que hasta hace pocos años no resultaba económicamente viable.
Estos cambios técnicos tienen efectos directos sobre la planificación minera y sobre los proyectos presentados al RIGI. Según especialistas del sector, un aumento de precios mejora la factibilidad económica y puede derivar en mayores niveles de producción, dependiendo del estado de cada emprendimiento: apertura de mina, preconstrucción, construcción o reactivación.
El régimen de incentivos ya permite trazar un primer balance. Desde su puesta en marcha, concentró iniciativas de gran escala en minería, energía e industria, con anuncios oficiales por unos u$s25.000 millones. El piso legal comprometido ronda los u$s3.600 millones, ya que las empresas deben desembolsar el 40% del monto mínimo en los primeros dos años. Hasta el momento, ingresaron formalmente diez proyectos, de los cuales tres corresponden al cobre, aunque solo uno fue aprobado: Los Azules. En los próximos meses se esperan nuevas presentaciones en San Juan, Salta y Mendoza.
Entre los desarrollos más relevantes se destaca Vicuña, el distrito binacional que integran Josemaría y Filo del Sol, bajo control de BHP y Lundin Mining. Considerado uno de los descubrimientos de cobre, oro y plata más importantes de la última década, el proyecto solicitó su adhesión al RIGI en diciembre, con una inversión total estimada entre u$s15.000 millones y u$s17.000 millones a lo largo de más de una década.
Otro emblema es Los Azules, impulsado por McEwen Copper, con un RIGI aprobado por u$s2.700 millones. La inversión total ronda los u$s3.170 millones, calculada con un precio promedio del cobre de u$s4,35 la libra. La producción anual proyectada es de 204.800 toneladas de cátodos durante 21 años, un escenario que mejora de forma sustancial con los precios actuales.
En Mendoza, el Proyecto San Jorge vuelve a ganar protagonismo, con una producción estimada de 40.000 toneladas de cobre fino por año y la posibilidad de escalar a 70.000 toneladas. En Salta, Taca Taca, de First Quantum Minerals, prevé una inversión de u$s3.600 millones y una producción anual de 250.000 toneladas de cobre fino, además de oro y molibdeno.
A estos se suman Altar, en San Juan, desarrollado por Aldebarán Resources, con una vida útil de 48 años, y MARA en Catamarca, que integra la infraestructura de Bajo de la Alumbrera con Agua Rica. Glencore, por su parte, ya presentó al RIGI Agua Rica y El Pachón, y anunció además la reactivación de Alumbrera en 2027.









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