



“ Hay lugares que tienen alma. Una energía que atraviesa tu piel y no pregunta. Simplemente hay una sola respuesta dinámica, activa y es volver…”
La nostalgia es un lugar. Dentro de ese refugio hay sensaciones. El tiempo parece detenerse. A pesar que Gustavo Maxzud, Maleck y Nayib Maxzud nunca detienen la marcha. Llega la curva más riesgosa y aceleran. Poseen una energía desbordante. Sudan pasión. Buscan la excelencia del producto. Se enfocan en la perfección de la atención.
Manuel J Castilla 185. San Lorenzo. Salta. Argentina. Cochera en una vereda de piedras. Entre rejas un patio bajo una arboleda. En la magia del bodegón se percibe un montón de historia. Se apilan los recuerdos con objetos que son reliquias. Con un pasado lleno de afectos. Entre medio de las emociones aparecen comidas caseras, platos de milanesas, entrañas, provoletas. La vajilla brilla al son de la canción. Hay una zamba del “Cuchi”Leguizamon que armoniza el comedor. Que enigmático es el pensamiento cuando se fusiona la razón con el corazón. Es un bocado de emoción. Hay oliva y aceto del exclusivo. Vinos únicos. Cervezas nacionales e importadas. Fiambres y embutidos selectos. Aderezos. Conservas.

Parece que el lugar siempre estuvo allí. Detenido por siglos. Aunque el día inicial fue enfrente, un 24/11/2007. Luego, nunca más hubo descanso. Jamás una pausa. Fue un maremoto gestado en años de vivir en Brasil, de mudanzas, experiencias turísticas, cambios, transformaciones. Las brumas del Atlántico parecen renacer bajo las leñas de tantos recuerdos.

Gustavo, el cerebro de una dinastía, también sabe las contras de la marea. “Al principio, al venir aquí, nos costó. Extrañaba aquella vida, el clima, los paisajes. Después me adapté. San Lorenzo es mágico. Salta es increíble. Por supuesto que mi esposa, Marcela Diaz tuvo que ver, ella es salteña. Es nuestro cimiento. Pero fue una elección familiar. El negocio empezó con los fiambres, con deseos de ofrecer calidad y hoy se hizo esto. Para muchos su casa. Para otros el lugar donde compartir sus vidas con amigos y el disfrute. Viendo todo el recorrido me genera alegria porque conocí gente muy buena y tengo una clientela fiel, de años…”
Ni siquiera en el diálogo se relaja. Está en el detalle. En el orden. Es la obsesión del hombre y del hijo en ofrecer más que comida, una vivencia única. Maleck es la juventud, la fuerza, la innovación. Se conjugan a la par y parecen imbatibles. Juegan desde el fondo y suben a la red como una máquina perfecta de ganar. Y ganamos todo. Sobre todo cuando al final de la jornada viene a la mesa el mejor postre del mundo. Al menos en el podio, con total seguridad. Os recomiendo, entre todas las comidas de la carta. “Suspiro Limeño”. Un antes y un después.

El Bodegón de San Lorenzo. Una marca registrada. Un sitio infalible. Un clásico. De esos lugares admirables que representan un estilo de vida. El buen comer y beber para un mejor ser…




























