


Maduro intentó esconderse en una habitación de pánico pero no logró cerrar la pesada puerta de acero
Internacionales04/01/2026
La captura de Nicolás Maduro no fue un hecho improvisado ni una reacción de último momento, sino la culminación de una compleja campaña militar y de inteligencia que Estados Unidos venía desarrollando desde mediados de 2025 y que se activó definitivamente entre el 3 y el 4 de enero de 2026. Así lo reconstruyen los reportes más detallados publicados por medios internacionales como The New York Times, Reuters, AP y The Guardian, que coinciden en señalar que la llamada Operación Resolución Absoluta fue, en realidad, la fase final de un plan más amplio denominado Operation Southern Spear.
El eje central del éxito de la misión estuvo en la inteligencia. Según múltiples fuentes citadas por Reuters y The Washington Post, la CIA logró infiltrar un activo humano dentro del círculo íntimo de seguridad de Maduro. Ese informante, al que funcionarios estadounidenses describen como decisivo, permitió confirmar que el mandatario venezolano no se encontraba en el Palacio de Miraflores, sino en una casa de seguridad especialmente acondicionada, una suerte de búnker urbano diseñado para resistir ataques y facilitar su escape en caso de emergencia.
Esa información fue cruzada con meses de vigilancia previa. Desde agosto de 2025, un pequeño equipo de la CIA operaba de manera encubierta en Caracas, validando rutinas, movimientos, horarios y protocolos de seguridad. En paralelo, las fuerzas especiales estadounidenses, en particular la Fuerza Delta del Ejército, construyeron una réplica exacta del complejo donde se ocultaba Maduro. En ese escenario, entrenaron durante meses cada posible variante del asalto: accesos, tiempos de respuesta, resistencia armada, rutas de escape y extracción aérea, hasta convertir el operativo en una secuencia casi coreografiada.
Cuando llegó el momento de ejecutar la misión, el asalto fue concebido como un “bum rush”, una entrada violenta, rápida y abrumadora destinada a colapsar cualquier capacidad de reacción. Helicópteros de operaciones especiales volaron a muy baja altura sobre Caracas, aprovechando un intenso despliegue de guerra electrónica que neutralizó radares y sistemas de defensa aérea venezolanos. Mientras aviones estadounidenses atacaban objetivos militares estratégicos, incluidos sistemas antiaéreos en zonas como La Carlota, los helicópteros depositaron directamente a los operadores de la Fuerza Delta dentro del perímetro del complejo.
Uno de los detalles más reveladores que surgieron después del operativo tiene que ver con un error de segundos. La residencia contaba con una habitación de pánico, un búnker interno con puerta blindada diseñado para sellarse ante un ataque. Cuando comenzó el asalto, Maduro corrió hacia ese refugio, pero no logró cerrar la pesada puerta de acero a tiempo. La velocidad de los operadores fue determinante: lo interceptaron justo en el umbral, impidiendo que se encerrara y dejando sin efecto el principal mecanismo de defensa del lugar.
Aunque la operación fue quirúrgica en su objetivo, los enfrentamientos fueron intensos. Fuentes militares citadas por la prensa internacional estiman que alrededor de 40 miembros de la guardia de honor y efectivos venezolanos murieron al intentar resistir el ingreso de las fuerzas estadounidenses. Del lado de Estados Unidos, se registraron dos soldados heridos, pero no hubo bajas fatales.
Una vez reducido, Maduro fue capturado junto a su esposa, Cilia Flores. La extracción se realizó bajo fuego defensivo, con helicópteros que abandonaron rápidamente Caracas rumbo al Caribe. El destino inicial fue el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, donde ambos fueron puestos bajo custodia. Fue a bordo de esa nave donde se tomó la imagen que luego difundió Donald Trump, mostrando a Maduro esposado, con los ojos vendados y vestido con ropa deportiva gris, una foto que recorrió el mundo y selló simbólicamente el éxito de la misión.
Desde el USS Iwo Jima, Maduro y Flores fueron trasladados en avión a Estados Unidos y derivados a Nueva York. Allí, el expresidente venezolano quedó recluido en una instalación federal de alta seguridad y enfrenta cargos por narcoterrorismo, conspiración y delitos federales en el Distrito Sur de Nueva York, bajo la órbita de la fiscal general Pam Bondi.
Las consecuencias del operativo fueron inmediatas y globales. Trump afirmó públicamente que Estados Unidos “administrará” Venezuela de manera transitoria hasta garantizar una transición política, una declaración que abrió un fuerte debate internacional. China, Rusia e Irán condenaron la operación y la calificaron como una violación flagrante de la soberanía venezolana y un secuestro. En contraste, comunidades de la diáspora venezolana celebraron la captura en ciudades como Doral, Madrid y Lima, mientras varios gobiernos de la región optaron por el silencio o por expresiones de apoyo cauteloso.
En el plano logístico, la magnitud del despliegue provocó el cierre parcial del espacio aéreo en amplias zonas del Caribe, con miles de pasajeros varados y vuelos cancelados en Puerto Rico, las Antillas y otros puntos estratégicos.
Así, lo que terminó siendo la captura de Nicolás Maduro fue, según coinciden los principales medios internacionales, una operación de decapitación del régimen ejecutada por fuerzas de élite, sostenida por inteligencia infiltrada y definida por un fallo mínimo pero decisivo: una puerta de búnker que no llegó a cerrarse a tiempo.
























