


Que si la Justicia se lo permite y no lo saca del juego, Júcaro está dispuesto a pujar por la Gobernación en las próximas elecciones provinciales, es una verdad confirmada. Los últimos resultados electorales dejaron un piso poco sustancioso en cantidad pero bondadosos en la calidad que le permitió al Senador Nacional renovar una vez más su banca en el hemiciclo de los representantes de los Estados provinciales. Resta saber cuáles son sus razones primordiales luego de casi siete años de haber ocupado aquel cargo que hoy anhela, pero no hay que desechar las cuestiones personales que la condición humana suele colocar entre los principales incentivos de cualquier ambición. La venganza alimentada con odio hacia “Juancito” y todos aquellos que comparten con el joven Gobernador los criterios gruesos del rechazo a cualquier posibilidad de un nuevo “romerato”, debe ser tenida en cuenta si nos atenemos a ciertas pruebas que aportan algunos de los que, azorados, lo han podido comprobar de manera personal. Repasemos lo que uno de ellos cuenta sobre las actuales horas del ex Gobernador y sus encuentros de familia.
La escena, según cuenta el protagonista, resulta sorprendente para los códigos propios de esta provincia sobre la hospitalidad y el trato a cualquiera que es invitado a una cena para recomenzar una relación marchita en el correr del tiempo. A los postres los hijos del matrimonio anfitrión, presencia poco frecuente en este tipo de encuentros allí, no dudaron en señalar al invitado como un profesional de las comunicaciones de trayectoria ligada a la extorsión y el chantaje. Quizá para suavizar semejante descalificación agregaron que esa es la apreciación del imaginario popular.
Ante la irreverencia manifiesta de los jóvenes, el invitado recurrió con su mirada reclamante a la benevolencia de los dueños de casa y encontró la actitud jovial de la señora y una cabeza gacha, con la mirada puesta en sus manos que asumían una actitud casi suplicante chocando sus dedos, de parte del supuesto anfitrión. Había caído en la celada de una familia que busca con desesperación y temeridad la venganza que su odio reclama.
-Peor sería pertenecer a una familia relacionada con el narcotráfico- respondió el agredido buscando en el ataque la única defensa posible. .
A la salida de aquella horrorosa reunión, el comunicador social recibió una llamada del que había “armado” la cena de reconciliación preguntando sobre los resultados y éste debió escuchar que se había “podrido todo”.
Este es el clima familiar que debe afrontar aquel que pretende volver a ser Gobernador de Salta y en ese clima asoma la única justificación que hoy es la razón de la candidatura ya anunciada de parte de Juan Carlos Romero. Resentimiento, odio y venganza son los combustibles que impulsan su maquinaria política. Los principales fogoneros se encuentran en su entorno más estrecho y entre los que secundan el círculo de allegados, incluso un Juez Federal. Que la providencia, en todas sus acepciones, nos libere de semejante futuro.
Fuente: Columna de opinión








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