Mario Peña cumplió 40 años en el periodismo y nadie quiso estar ausente

Cuarenta almanaques deshojados le dan al individuo una experiencia importante, sobre todo si la persona en cuestión tiene la capacidad intelectual para recoger esa enseñanza y volver a resembrar el terreno, para que la huerta del saber recicle constantemente su fertilidad. Eso es lo que ocurre con Mario Ernesto Peña, quien el sábado hizo una pequeña fiesta en su casa para festejar cuatro décadas en el periodismo.

Sociedad27/09/2010

Claro que, como muestra alguna publicidad, la lista de invitados se fue ensanchando hasta alcanzar el número de ¡¡200 personas!! Y bueno, hubo que salir a comprar más comida y bebida, y el encargado de hacerlo se cruzó en el camino con Juan Carlos Romero, quien arribó temprano a la reunión, pero se fue al toque con la excusa de un viaje impostergable a San Luis.

Acto seguido llegó el Gobernador Urtubey, a quien se lo vio conversar acaloradamente con Silvia Troyano a la entrada de la casa. “Che, ¿no podían poner otra persona para que reciba a los invitados?”, preguntó Juan Manuel, a quien le aclararon que la señora en cuestión no era encargada de nada, es más, “ni en la lista de invitados figuraba”.

Las ricas empanadas fueron rápidamente borradas del mapa por los comensales, que los hubo de todos los sectores y todos los colores, políticos (porque ni los del PO se perdieron el almuerzo), religiosos, empresarios, judiciales, hombres de prensa, representantes de importantes medios de prensa del país que estuvieron al lado de Mario en una mesa pesadísima, desde el peso específico de sus invitados, obviamente.

“Señores, el asado está servido”, se escuchó decir desde el fondo, entonces fue el momento del silencio stampa pues, eso sí, todos eran educaditos y no aprendieron a no hablar con la boca llena.

“A la salud de Mario”, gritó uno con la copa de un vino de altura de la viña del anfitrión. “Eso, que viva Mario”, respondió otro, ya con unas cuantas copitas encima. “Che, ¿a qué hora sale la lancha para pasear por el dique?”, preguntó con el pedal que tenía, hasta que le aclararon que no estaban en Cabra Corral. “Con razón doctor, ya me parecía que la sequía no podía ser tan fuerte en Salta”, le decía a su interlocutor mirando hacia los cerros de Quijano.

Y llegó la noche, con los mozos “recogiendo las sillas”, y Mario Peña sentado en la punta de la mesa, enhebrando un rosario de recuerdos, como cuando llegó a Salta con una muda de ropa y un montón de ilusiones, las que las pudo cristalizar, armando una familia espectacular, y un imperio empresario-periodístico en base a mucho esfuerzo.

Felicidades, Mario Peña. Te merecés este presente.

Fuente: www.informatesalta.com.ar

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