COVID: Miedo, ira e insatisfacción global

Opinión 06 de agosto de 2022 Por Antonio Salgado - Médico infectólogo  
Reporte COVID

Cuando en enero del 2020 la Organización Mundial de la Salud  declaró una emergencia de salud pública de alcance internacional y la reconoció como una pandemia el 11 de marzo de 2020, en un mundo interconectado, era impensable no suponer que este virus de enorme velocidad de propagación rápidamente estaría entre nosotros.

Esta pandemia, la más grave desde la gripe española, hace un siglo nos ha recordado la vulnerabilidad humana, pero también nuestro ingenio, adaptabilidad y resiliencia.

Cuando al ya desparecido Peter Medawar, premio Nobel de medicina en 1960, se le preguntó que era un virus el respondió: "un montón de malas noticias cubiertas por proteínas". 

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La evolución de un virus es azarosa e imprevisible

Esta crisis sanitaria tuvo repercusiones en todos los campos. Reveló como nunca antes los efectos perjudiciales y el peligro de la desinformación y la información errónea, pero también fue un momento en el que vimos crecer la confianza general en la ciencia y un marcado aumento de la alfabetización científica. La ciencia tomó el centro del escenario, trabajando veinticuatro horas desde el momento en que surgió la noticia de la pandemia, los científicos secuenciaron rápidamente el virus. Se desarrollaron vacunas, se produjeron miles de millones de dosis más rápido de lo que el mundo había visto antes. 

La ciencia, se suele decir, no debe politizarse, debe ser independiente, ajena a los intereses de los gobiernos, tan solo dedicada a su tarea principal de comprender lo referente al SARS-COV 2. Lo contradictorio es que garantizar la independencia de la ciencia es una decisión política.

Sabíamos que esta crisis iba a ser distinta a cuantas habíamos podido pasar, y cuando volviéramos, nos tocaría vivir en un mundo distinto; y ese regreso nos ubicaría en un punto de partida diferente del que partimos.

Fueron años marcados por el confinamiento, restricciones, incertidumbre y miedos y la evolución de una pandemia impredecible. 

reporte semanal covid 19

Primero fue el miedo y la incertidumbre y con ello la ansiedad, mucha ansiedad. El paso de la semanas y los meses hizo que a esas emociones se sumará la soledad, la tristeza

Y todas ellas comenzaron a pesar en el ánimo para dar paso a la llamada “fatiga pandémica”. 

Desde el punto de vista de la Neurociencia, de cómo funciona el cerebro, los especialistas explican que ante una amenaza solo hay dos posibles respuestas, “miedo” (que nos lleva a escondernos) o “ira” (que nos impulsa a defendernos).

De modo que tanto el miedo como la ira, son frutos del mismo hastío: es que la pandemia por COVID agravó una insatisfacción social que ya existía y que es transgeneracional.

Una insatisfacción característica del mundo contemporáneo, que tiene diversos orígenes y se manifiesta de múltiples formas.

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