Afectividad, autoestima, valores y emociones, temas de capacitación docente

Educación 27 de mayo de 2016
Mañana Sábado 28 de Mayo, docentes del Colegio Belgrano y el Bachillerato Humanista Moderno recibirán una capacitación a cargo de Liliana Olivieri de Perez Bicecci, Master en Educación Familiar, y autora de la colección "Aprender a Amar". Su increíble historia.

Liliana Olivieri de Pérez Bicecci brindará una capacitación denominada "Fuertes y felices", Psicoeducación – Virtudes humanas, que tendrá una temática vinculada a la educación de la afectividad, habilidades intrapersonales; autoconocimiento, autoestima, autodominio y autonomía. Los afectos y las facultades superiores. Sentidos, afectos, inteligencia y voluntad. Identificación, manifestación y regulación de las emociones. Educación afectiva y desarrollo evolutivo – Educación en la infancia y la adolescencia. Educar en valores.

Liliana Olivieri es Licenciada en Psicología y Máster en Educación Familiar. Capacita a padres, docentes y directivos en el Programa de Educación Familiar. Brinda asesoramiento personal y familiar, dicta conferencias y brinda capacitación a padres, docentes, directivos y recursos humanos en instituciones y empresas de todo el país. Además, es autora de Colección Aprender a Amar, libros del 1 al 12 referido a educación de la
Afectividad y la Sexualidad para niños, niñas y adolescentes.

La especialista estará este sábado, de 8 a 12, en el Colegio Belgrano, donde junto a docentes del Bachillerato Humanista compartirán una jornada rica en saberes, experiencias y emociones. En el mes de junio, se hará una jornada donde podrán participar los padres de alumnos.

Una mujer ejemplo

La increíble historia de Liliana Olivieri, una mamá de diez hijos, fue publicada en el diario La Capital de Rosario. Crió nada menos que a diez hijos sin dejar de trabajar fuera de su casa y estudiando una carrera universitaria. Había quedado viuda a los 33 años y ya tenía 6 chicos.

Hoy, después de 18 años, cuenta cómo lo hizo, la aventura de su segundo matrimonio y el desafío cursar psicología siendo madre y cumpliendo su empleo de ocho horas diarias.

Liliana sonríe. Pero detrás de ese gesto se esconde una vida de pesares que supo llevar con valentía. De su madre le quedó grabado: “No hay que dramatizar, se hace lo que hay que hacer y cuando lo hacés hay que cantar”. Esa fue la base sobre la que construyó la familia, que hoy es su galardón más importante.

Se casó joven, a los 21 años, enamoradísima de Gustavo. Felices tuvieron al primer hijo, pero desde entonces ella comenzó a padecer problemas de salud y no podía quedar embarazada. “Soñaba con tres hijos, una vida sencilla y trabajar, pero cuando me vi en la angustia de no poder ser mamá empecé a pedírselo a Dios convencida de que me escucharía”, cuenta.

Se cumplió el milagro y, al tiempo, nació su segunda hija. Incluso llegó a tener otros 4 chicos, a la par, que trabajaba como contadora en un jardín de infantes. Allí se interesó por los temas relacionados con la familia. La vida le sonreía, pero a la vuelta de la esquina la esperaba el dolor. Al poco tiempo de nacer su sexta hija, su marido falleció.

Repentinamente. “Fue un dolor enorme, sólo tenía 33 años, seis hijos, el más grande de 11. Mi vida se había convertido en un caos total”, rememora y agrega: “Entendí lo ordenado que había sido Dios conmigo; llegó a mi vida antes que el dolor”.

“En los primeros años de viudez tuve una gran necesidad de poner orden en mi casa, en mi cabeza, con mis hijos y asumir esa condición. En esto estaban todas mis energías”, continúa. En este tiempo, Liliana también organizaba actividades de formación para padres del jardín y aprovechó el contacto con expertos en familia para preguntarles cómo hacer para sacar adelante la suya con los chicos tan pequeños. “No dormía bien, tenía mucha ansiedad y estaba muy cansada”, resume. Uno de los especialistas le aconsejó estudiar familia. “Esa respuesta me abrió un nuevo panorama: pasé de las ciencias económicas a las ciencias de la familia, lo que hoy es mi quehacer diario, un trabajo maravilloso que me insume mucho tiempo. A mí me permitió reaprender a vivir y sacar adelante a mis hijos”, subraya.

Liliana estudiaba y descubría valores inmensos de la familia a la vez que sacaba conclusiones prácticas para aplicar en el día a día del hogar. “Tanto me ayudó que surgió en mí una vocación muy fuerte por enseñar a otros a hacer familia y es a lo que hoy dedico gran cantidad de horas”.

Volver a empezar. Pasaron los años y Liliana se dijo: “Basta de viudez”. Necesitaba poder compartir con otro adulto el proyecto que había empezado y lo que estaba aprendiendo. Se dio cuenta de que había llegado la hora de volver a casarse. Al poco tiempo conoció a Pablo Pérez Bicecci, un hombre viudo y con tres hijos de 3, 5 y 7 años. “El me preguntaba cómo sacar adelante a sus hijos y me decía que era muy difícil rehacer su vida porque quien se enamorara de él, debía hacerlo también de los chicos”, recuerda Liliana. Allí se fundió la magia porque los dos querían lo mismo: “Mis hijos también necesitaban un padre”.

Estuvieron 5 meses de novios y se casaron en una iglesia llena. Los padrinos fueron los chicos. Tres años más tarde nació Tomás, el décimo hijo fruto de esta nueva unión. “Entonces me encontré con otro desafío: adoptar a los tres hijos de Pablo y quererlos como si los hubiera parido para no marcar diferencias con los otros y a la vez poder tener un nene en este nuevo matrimonio”, expresa.

“Reconozco que la generosidad con los hijos hace que el corazón se ensanche. Con cada uno el corazón crece y sentís que no te sobra ninguno; que cada uno está muy bien puesto en mi vida, que son fuente de alegrías y de luchas”, dice con una sonrisa cómplice.

Familia, trabajo y estudio. Al trabajo de sacar 10 hijos adelante esta madre le sumó el empleo fuera de casa, que no pudo dejar por necesidades económicas, y el estudio, porque cuando terminó el master en ciencias de la familia se dio cuenta de que podría llegar a más si hacía psicología. Empezó la carrera cuando su novena hija tenía 12 años y el más chiquito seis. En 5 años, logró el título.

Actualmente Liliana atiende en un consultorio donde hace terapia de pareja, da conferencias y tiene a su cargo la formación de un grupo de padres. Sale temprano y vuelve pasadas las 20, lista para arremangarse, ponerse el delantal y preparar la cena, escuchar las cosas de sus hijos y preparar las tareas del día siguiente.

Todo esto, además de una importante organización, también supone la colaboración de los chicos. “Cuando llego, los más grandes no están porque tienen distintos horarios, entonces preparo la cena con los más chicos y charlo con ellos”.

Durante la tarde, los más grandes ayudan a Tomás a hacer los deberes y a que se bañara para estar listo para cuando llegue mamá. A las 21, se reúnen todos cenar. Es el momento que comparten más intensamente. Y Liliana revela su secreto: “No es un drama para mí hacer las cosas de la casa. Tengo conciencia de premio. Mi mamá decía que si Dios te mandaba algo era porque seguro te iba a premiar. Es una cuestión de tiempo”.

Cuando están alrededor de la mesa, Liliana observa los rostros de cada hijo y si detecta que algo no anda bien, sabe encontrar el momento para despertar una conversación profunda. “A veces alguno necesita hablar más con papá y mamá. Por eso, dejo todo preparado y salimos a comer afuera con ese hijo malherido”, cuenta. En otras ocasiones, se tiene que quedar de noche para armar las clases y durante la cena aprovecha para pedirles a los chicos ideas y ejemplos. “Les digo que recuerden anécdotas de las veces que hice algo mal o bien y nos matamos de risa, y eso es muy bueno, nos divertimos juntos”, expresa. Después, siempre hay alguno que la ayuda a armar el power point. “Mi trabajo siempre es en equipo”, remarca divertida. Luego se detiene y confiesa: “Mis hijos me enseñaron todo lo que después sellé con la teoría”. Eso es lo que hoy le permite ser una profesional exitosa y una madre sin límites.

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