Durante el Vía Crucis, el Papa cuestionó el mundo dividido que se le deja a los jóvenes

Internacionales 31 de marzo de 2018
El papa Francisco encabezó ayer el Vía Crucis en el Coliseo de Roma, en medio de una fuerte presencia policial por temor a atentados terroristas, durante las celebraciones por la Semana Santa.
coliseo via crusis
Miles de peregrinos se congregaron frente al Coliseo para el tradicional Via Crucis. Foto: Reuters

Ámbito.com/ El papa Francisco encabezó este viernes el Vía Crucis en el Coliseo de Roma y tildó de "vergüenza" que la actual generación "deje a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y las guerras". 

En una bendición al final de la ceremonia, que duró menos de 90 minutos, Francisco pidió a los católicos mirar a Jesús con una mirada "llena de culpa, arrepentimiento y esperanza". 

"Que tu santa Iglesia, hecha de pecadores, continúe... pese a todos los esfuerzos para desacreditarla, siendo una luz que brilla, alienta, alivia y da testimonio de tu amor iluminado", expresó. 

El pontífice, como es tradición, acudió al Anfiteatro Flavio e invocó a Jesús de Nazaret: "Nuestra mirada está dirigida a ti, llena de vergüenza, arrepentimiento y esperanza", proclamó ante cientos de fieles que le escuchaban en recogimiento. 

"Vergüenza porque nuestras generaciones están dejando a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y las guerras; un mundo devorado por el egoísmo donde los jóvenes, los débiles, los enfermos y los ancianos son marginados", denunció el pontífice. 

También expresó su vergüenza "porque muchas personas, incluso algunos ministros de la Iglesia, se hayan dejado engañar por la ambición y la vanagloria, perdiendo su dignidad y su primer amor". 

Pero, tras la vergüenza y el arrepentimiento, el papa destacó "la esperanza" de que el mensaje cristiano "continúa a inspirar, aún en la actualidad, a muchas personas y pueblos y que solo el bien puede derrotar al mal, solo el perdón puede abatir el rencor". 

Y recordó que, movidos por su fe, "muchos misioneros y misioneras continúan, aún hoy, retando a la adormecida conciencia de la humanidad arriesgando la vida para servir a los pobres, en los descartados, inmigrantes, invisibles, abusados, famélicos y presos". 

Defendió la esperanza porque la Iglesia de Jesús, "santa y hecha de pecadores, continúa, todavía ahora, y a pesar de todos los intentos por desacreditarla, siendo una luz que ilumina, anima y alivia". 

El pontífice pronunció esta oración después de asistir al recorrido de la cruz desde el interior del Coliseo romano hasta el lugar en el que permaneció en oración, a faltas de la cercana colina del Palatino. 

El Sumo Pontífice, de 81 años, no participó en la procesión, pero siguió los hechos desde un podio, ubicado delante de una cruz gigante iluminada con velas. 

La Policía italiana desplegó unos 10.000 efectivos para garantizar la seguridad en una de las ceremonias más solemnes del calendario católico luego de que trascendiera que grupos islamistas planeaban atentar en la capital italiana. La policía elevó las medidas de seguridad luego de varios arrestos de sospechosos de terrorismo. 

Previo al Vía Crucis, en la misa oficiada en la Catedral de San Pedro en el Vaticano, el papa recordó el padecimiento y la muerte de Jesucristo. 

Según la creencia cristiana, Jesucristo fue detenido, torturado y condenado a muerte por Poncio Pilato la noche previa al Viernes Santo. La crucifixión es el momento central del Viernes Santo. En el tercer día después de su muerte, el Domingo de Pascua, Jesucristo resucitó, según la creencia cristiana. La Pascua es por lo tanto la fiesta central del cristianismo. 

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