Pidieron 12 y 10 años para la docente y su pareja acusados de explotar a escolares

Justicia 10 de septiembre de 2015
"Hubo hijos y explotados". La frase resume el alegato que brindó ayer el fiscal Francisco Snopek contra la docente Eva Ortiz y su marido, Walter Cuéllar, de la escuela de El Destierro, en Anta.

El juicio lleva más de un año de audiencias de debate ante el Tribunal Oral Federal presidido por el juez Federico Santiago Díaz, quien es acompañado por los vocales Marta Liliana Snopek y Mario Marcelo Almaraz. Los jueces decidieron que se dispondrá una nueva fecha a fin de que el defensor de los imputados brinde su alegato. Sólo después se conocerá la decisión final de los jueces.

El Asesor de Menores a cargo de la causa, Oscar Tomás del Campo, por su parte, consideró ayer que no se vulneró ningún derecho de los intereses de los chicos involucrados al haberse realizado hace cuatro años la primera Cámara Gessel sin su presencia, una de las críticas establecidas por la defensa de Cuéllar y Ortiz durante el desarrollo del juicio.

Ante esas críticas fue que la semana pasada se realizó una nueva Cámara Gessel en la cual los chicos ratificaron las situaciones vividas mientras estuvieron en la escuela de Finca El Destierro desde abril hasta el 26 de octubre de 2011, cuando fueron encontrados caminando por las vías de Olleros por parte de una chica más grande que decidió llevarlos a su casa. Allí una mujer los auxilió y les dio de comer, al momento que escuchó a los chicos relatar sus vivencias y razones para no volver a El Destierro. Luego de ser auxiliados y con la denuncia hecha fue que volvieron a la casa en donde los habían dejado, a recoger a las dos niñas más chicas que se encontraban encerradas en la casa de Olleros. Ortiz y Cuéllar habían viajado hasta esa localidad dejando a los chicos ante algunos trámites que debían realizar en J.V. González.

Un entorno de presunta trata

"Se ha podido corroborar la tesis de la acusación", dijo Snopek al iniciar su alegato que duró alrededor de una hora. Indicó que Ortiz y Cuéllar albergaron a los chicos con "fines de explotación" dentro de la finca en la cual se producía carbón, se criaban animales, y se contaba con un taller mecánico. Ello luego de "captarlos", en Las Lajitas, de donde eran oriundos, lugar que estaba a 150 kilómetros de El Destierro.

El entorno denunciado por otra pareja de adultos y distintos testigos que pasaron por el juicio marca también la presunta trata en El Destierro.

El lugar alejado en medio de una zona rural inhóspita contaba con un almacén con mercadería para quienes trabajaban en la finca y que muchas veces "terminaban sacando de sus bolsillos para pagar las deudas", indicó Snopek. A ello se agregaba que si bien Cuéllar se encontraba inscripto como vendedor de carbón y postes, en los mismos registros se sostenía que no contaba con trabajadores.

Sumó las amenazas hechas a los chicos en caso de hablar sobre lo que debían hacer dentro de la finca, y aquellas que se hicieron a las madres de los niños y la testigo que los auxilió a cuatro que estaban en las vías del tren.

Frío y baños

Los niños indicaron que "estábamos cagao de frío", que debían bañarse fuera de la escuela (pese a que la institución contaba con sanitarios), que les daban muy poco para comer, que debían "alimentar a las chivas en lo oscuro", y poner "la llanta en la rueda", porque de lo contrario "juntaba palo y los hacían cagá", fueron las frases de las que se sirvió Snopek al reflejar el relato de los chicos víctimas del delito.

La prueba contraria a estos signos que describen una presunta explotación, fueron los cuadernos de los chicos. De abril a octubre "tenían sólo 25 hojas llenas", dijo el fiscal al apuntar a otro testimonio que establecía que los libros de enseñanza parecían estar "sin uso". Esto se correspondía con la sensación de los chicos más grandes sobre que "eso no era una escuela".

Ante algunas posiciones que mostró la defensa buscaban sostener que hay chicos que son criados de distinta manera, y que en algunos casos les enseñan a ayudar en la casa. Snopek sostuvo que la pareja imputada "tenía una forma de vida con sus hijos", que vivían también en El Destierro, distinta a la relatada por los chicos que eran alumnos. Fue entonces que sentenció "Hubo hijos y explotados que convivieron en Finca El Destierro".

Empuje mediático


La escuela de Finca El Destierro fue conocida antes de esta causa judicial porque el Gobierno de la Provincia había decidido disponer el cierre ante la falta de alumnos. La situación, vivida un año antes de los hechos, generó que el medio gráfico de la familia Romero dispusiera notas indicando la injusticia de dejar a los chicos y docentes rurales como Ortiz en esta situación. El Gobierno revirtió su decisión pese a la cantidad de irregularidades que se denunciaban contra la docente que nunca quiso entregar el cargo, dado que era directora interina y no titular. Al año siguiente surgió la denuncia por explotación de los chicos. La defensa mediática quedó en la nada, aunque existen algunos escribas de ese medio que se constituyeron como peritos de parte de la pareja imputada.

Fuente: Nuevo Diario de Salta

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