El médico le dio la mejor noticia a la mujer del cordobés que rifó su camioneta para que la operaran

Nacional 30 de agosto de 2017
José "Kuiski" Arregui es albañil y hacía cinco meses que estaba sin trabajo.
10-CRISTO 2

José "Kuiski" Arregui es albañil y hacía cinco meses que estaba sin trabajo. "Venía mal, muy mal, pensé que nada podía andar peor, hasta que nos dijeron lo del cáncer", cuenta a Infobae desde la clínica en la que pasó la noche, en Villa María, Córdoba. "Lo del cáncer" es el diagnóstico que le dieron a su esposa hace dos meses: "Los vómitos y el dolor de panza tenían una explicación: cáncer de estómago. Nos dijeron que había que operarla con urgencia, sino iba a dejar de comer y no iba a sobrevivir".

"Ahí me agarró la desesperación", cuenta él, y respira profundo, como si la desesperación volviera con solo nombrarla. No fue solo la desesperación por la posibilidad de la muerte de Claudia Jaime (51), quien es su mujer desde hace 22 años, sino porque les avisaron que iba a necesitar una prótesis que costaba entre 70 y 90.000 pesos.

Kuiski quiso sacar un crédito y no se lo dieron. "Ahí dije ’vendo la chata, es lo único que tengo pero es lo único que puedo hacer para ayudar a salvarla’". La chata que estaba por vender es la que usa para hacer changas: con la camioneta sale a pescar, a repartir leña, a buscar trabajo en la construcción y a cazar.

El precio de venta por la camioneta Dodge modelo 69 fue de 70.000 pesos. "No llamó nadie. La bajé a 45.000 pesos. Tampoco llamó nadie. Y se nos empezaron a acortar los días". Quien habla ahora es Rosario, su hija de 21 años: "Salía todos los días a buscar trabajo y no conseguía nada. Yo lo veía mal, lloraba a escondidas pero cuando estaba con mi mamá no, ahí se mostraba fuerte. Entre todos buscábamos la forma de que ella no se nos deprimiera en una cama".

Así, Kuiski juntó a los tres hijos que tuvieron con Claudia -Rosario es niñera, otro es electricista y otro trabaja en una lonera- y tomaron una decisión: hacer un talonario y rifar la camioneta. "Si cada número se vendía a 300 pesos, lo que juntáramos iba a ser mejor que nada. A esa altura yo ya pensaba que Claudia no iba a aguantar. Pensé que se me moría. Hubiera hecho eso y cualquier cosa más", dice ahora.

Sus hijos estuvieron de acuerdo e hicieron el talonario. "Mientras tanto, mi señora seguía bajando de peso. Estaba pesando 68 kilos y nos decían que si llegaba a los 65 ya no la iban a poder tocar", recuerda. Entre los comercios del barrio y los amigos vendieron unos 300 números: juntaron, calcula, unos 90.000 pesos.

"Era más de lo que valía la camioneta. Así que había sido una buena idea. Nunca pensé lo que iba a hacer ese hombre, si yo ni siquiera lo conocía". El hombre del que habla se llama Carlos Boasso y es de Leones, un pueblo que está a 22 kilómetros de Marcos Juárez. Carlos Boasso, que tiene una pequeña distribuidora de productos de limpieza y perfumería, compró una rifa en la despensa de Bety Giovannini, vecina de Kuiski y Claudia.

"Ellos son como de la familia para mí. Yo le conté a Carlos que estaban pasando esas necesidades y él compró el número para darles una mano", dice Bety a Infobae, con su despensa revolucionada. En la Lotería Nacional salió el 619, el primer número que ella había vendido. "Era el número que había comprado Carlos. Yo lo llamé, le conté que había ganado y me dijo: ’no sabés que alegría me das".

Unos días después, cuando Carlos fue a la despensa, Bety le dijo: "Ojalá hubiera salido el 13, que es el número que compré yo, así le dejaba la camioneta". Carlos había ido, precisamente, a decirle que esa era la decisión que había tomado: "Me dijo que no la iba a querer, que por suerte tenía su camioneta para trabajar y no la necesitaba", dice ella, orgullosa de su proveedor.


Carlos Boasso no aceptó el premio: "Yo la chata se la voy a dejar porque sé que está en un momento que la necesita. No solo necesita la chata sino el dinero que le pueda sacar si la vende. Como a mi no me hace falta en este momento, que la use él y que le vaya bien en todo". Kuiski lo abraza, se le parte la voz y le contesta "gracias amigo".

El 16 de agosto, Claudia Jaime fue operada en una clínica de Villa María. "Durante estas dos semanas tuvimos que esperar, no sabíamos cómo iba a evolucionar", cuenta Kuiski, aliviado. "Lo peor fue que cuando la abrieron encontraron que no era solo un tumor, se había desparramado", suma Rosario, su hija menor. Lo que pasó anoche quedó registrado en su perfil de Facebook.

"Acabamos de tener la noticia más linda desde que empezó esta lucha y todo lo malo que nos venía pasando, los días más tristes de nuestras vidas. Me tiemblan las manos, casi que no puedo escribir. El que me conoce sabe lo que vivimos. Se me llenan los ojos de lágrimas por la felicidad que tenemos. Esperábamos los resultados de los estudios y la biopsia y el doctor nos acaba de decir que no quedó resto de esta maldita enfermedad, el cáncer. Gracias a toda esa gente que nos ayudó. Se me moja el celu de las lágrimas que caen. Y amigo Carlos Boasso, sos parte de la vida de nuestra familia".

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