Caprichos de Salta: Ben Bag Bag

Cultura 20 de junio de 2019
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
ben bag bag

El protagonista de esta historia es un sujeto de esos que suelen hospedar apuros desbordantes por explicaciones  a enigmas vanos. Este hombre recorrió ciudades y pueblos del mundo intentando interpretar, según su entusiasmo y conocimiento,  hallazgos que suponía misterios fundamentales. Ferran Oriol, un fulano que pretendía ser el Indiana Jones catalán, cruzó el Océano Atlántico y después de juntar tierra bajo sus botas y apestar a osamenta, llegó a Salta. Aquí se encontró con un manojo de creencias que habían venido del mismo lugar que él, pero en versiones un poco más austeras y algunas historias autóctonas incompletas  viciadas del pensamiento mágico judeocristiano. El tipo no tardó en entender que si no era por las suyas no iba a encontrar nada apetecible a su interés.

Recorrió los valles y hurgó cada rincón de cada caserío. Habló con ancianos y monjes al borde de la locura. Buscó libros raros y cavó hondos pozos a instancias de creencias descabelladas. Elaboró teorías absurdas y se abrazó a desazones  ciclópeas. Retornó a la ciudad  e indagó a sospechosos eruditos a cerca de objetos mágicos, herramientas sagradas y pócimas sanadoras extraordinarias.

Los resultados siempre eran menos que pobres, desalentadores para cualquiera menos para Ferran que, fiel a su nombre, era el más terco  de los hijos de Catalunya, es más, era más terco que un escocés.

¿Qué buscaba? ¿El Arca de la alianza? ¿El santo Grial? ¿Alguna reliquia de algún santo peregrino? Buscaba cualquier cosa que le dé sentido a su vida. Algo que le explicase ese llamado interno a conocer algo de todo eso que hacía funcionar al mundo conocido. Algo que lo dejase tranquilo en esa inquietud insana que le quitaba el sueño y lo impulsaba a dar la vuelta al mundo como un loco  escapado de su manicomio que busca un lugar donde ser feliz sin ser medicado ni atado. Algo que le explicase cosas como la libertad, los dioses, el amor, los límites de la mente y la cárcel de la razón.

Por ahí, en un impulso mañanero salió sin rumbo y llegó a la selva. Caminó sin preocuparse por el tiempo y la hostilidad de los senderos viejos, esos trazados por animales perdidos y hacheros solitarios. Como poseído,  caminó ignorando el cansancio, el hambre y la necesidad de un poco de paz en su corazón. Iba como arriado por un llamado sin voz. Cruzó un río de cause ancho casi seco y se metió en la espesura de un verde cerro por un caminito angosto. Caminó algunas horas más y antes de que caiga el sol cayó rendido y se durmió.  Por la mañana se despertó y vio que había llegado a un claro donde se alzaba un templo circular, como los de Barumini en Cerdeña. Junto a él, parado y sin mostrar gesto alguno estaba un hombre de barba con un talit. El sujeto le acercó un recipiente con agua y lo levantó del piso. Repuesto, Oriol, y casi desestimando su situación y el contexto le dijo:

-Llegué hasta acá para saber la verdad ¿Dónde está la verdad? ¿Cuál es?

El hombre barbado le dio una esfera de piedra y le  contestó:

-Dale vueltas y dale vueltas porque todo está en ella… Ben Bag Bag.

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