



A partir del incremento de número de víctimas, y otras tareas investigativas, surgieron más trascendidos en torno al caso. Entre ellos, según pudo saber InformateSalta habría dos albergues apuntados serían El Faro y El Castillo, ubicados en la ruta 26.
Como se sabe, al momento de imputar a los implicados, la Fiscalía Federal de Distrito refirió que los servicios sexuales que se pactaban con menores tenían como escenario dos moteles ubicados en la ruta 26, una zona conocida por tener, casualmente, una variada oferta de ese rubro.
Como se dijo, el remisero que captaba a las alumnas de un colegio de la zona sur de la ciudad, era también el encargado de coordinar el servicio sexual que la menor iba a prestar, para lo cual habían previsto una especie de código, con frases específicas.
“Vamos a hacer la onda”, era la frase clave usada para programar los encuentros, afirmó el fiscal general Eduardo Villalba, cuando presentó el caso ante el juez federa Julio Bavio, quien hizo lugar a la imputación penal pedida contra el remisero, tres clientes y un menor de edad por el delito de trata de personas con fines de explotación sexual agravado.
Además, indicó que los servicios sexuales estaban tabulados en 18 minutos y se prestaban al finalizar el horario de clases del colegio, al caer la tarde, para lo cual las victimas debían escaparse antes, o bien, aprovechas cuando tenían hora libre, para de esa manera no levantar sospechas en sus casas.
Ocultas
Uno de los clientes, según la imputación penal formalizada el 11 de septiembre pasado, acordaba los encuentros en moteles de la ruta 26. Al respecto, se pudo conocer que esos albergues serían El faro y El Castillo, lo que surge de tareas de campo e inteligencia realizada por la Policía de Seguridad Aeroportuaria.
Además, se conocieron, entre otros detalles, que las menores, para no levantar sospechas, eran ocultas en el baúl del auto que ingresaba al motel, lo que, obviamente, no exculpa de responsabilidad a las personas encargadas de dichos albergues transitorios.
Cumplidos los servicios, el cliente hacía la transferencia de dinero acordada con el remisero, quien, por supuesto, se quedaba con su comisión. En otro caso, en cambio, trascendió que un cliente prefería que vayan a su casa particular.
Allí, el acusado también le administraba estupefacientes, como ser marihuana, además de otras pastillas, al parecer, para potenciar la estimulación sexual de la víctima, a lo que también sumaba otros aditamentos de perversión sexual.











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